martes, 30 de diciembre de 2008
A vos
Y solo a vos
Soy persona de una sola persona
Una vez que soy feliz con alguien, no ando viendo a nadie más.
Es así de simple, nada complejo.
Y te quiero a vos y solamente a vos.
Vos me erizás la piel.
me apresurás la respiración
mi corazón no es el mismo a tu alrededor.
Te quiero a vos
Todavía aún, te quiero a vos.
Sueño con vos.
Vos sos el único
Todavía sos él.
Son tus manos que quiero que me recorran
quiero que me conozcas y conocerte a vos
de maneras que todavía no nos hemos conocido.
Quiero que nos besemos donde antes no nos hemos besado.
Vos sos él.
La persona que me da esa confianza,
con el que estar desnudo no sería relevante,
no sería intimidante.
Deseo todavía tu olor sobre mi cuerpo,
que nuestros cuerpos choquen,
que el sudor sea lo que menos importe.
Te quiero a vos.
¿A quién le importan los demás?
No importa que hagan,
nunca serán vos.
Se siente la diferencia.
No hay esa seguridad,
no hay esa confianza,
me hace falta la pasión,
me hacen falta tus mordizcos,
me hacen falta nuestras narices rozándose.
En esas noches de frío,
te quiero a vos y solo a vos.
Quiero que nos unamos,
quiero pasarlo con vos,
quiero violencia y amor,
todo en un mismo acto,
y que sea con vos.
viernes, 26 de diciembre de 2008
Ganas de qué?
Tener vacaciones de mi misma con vos.
Reírme de mis miedos hasta que me duela el estómago
Retorcerme hasta que me duela la espalda
Ver esa loca película toda la noche, una y otra vez.
Besar cada demonio que querás exorcizar
Que me mirés a los ojos mientras logre mantenerlos abiertos
Cambiar esas malditas lágrimas por esas benditas
Frotarse hasta desgastarse
Morderte hasta saciarme
Soñar con vos, despiertos los dos
Dormir sólo cuando sea inevitable
De eso tengo ganas
martes, 21 de octubre de 2008
En mi cuarto... o en el tuyo
para tomarme el tiempo perfecto para mirarte
para ir experimentando poco a poco tus esencias
e ir degustando cada uno de tus perfumes
Y la conciencia me va dando a probar poco a poco
Un exquisito efecto visual sólo comprensible
cuando cierro profundamente mis ojos
y empiezo a observar el cuarto con las manos
A unos 38 grados centígrados se calienta el alma
mientras mi ser recorre presuroso tus venas
completamente drogado y enceguecido por tu cuerpo
buscando un rincón en donde dejarme morir
Como en matemáticas del universo uno más uno es uno
tu forma y la mía alcanzan la más sincera unidad
y al gozar juntos de esta dulce agonía, de esta muerte
nos sujetamos ya no más del cuerpo, sino del espíritu
para no dejarnos caer, para ya nunca más soltarnos
domingo, 19 de octubre de 2008
El Terremoto
y el aliento se convierte
en moneda de cambio
escucho tambores a la distancia
anunciando el terremoto
Mientras la noche respira sobre mi piel
me siento como un Magallanes
al descubrir tus océanos escondidios
pero mi barca la perforas con tus besos
y tu cuerpo me ahoga, me inunda
Cielos, cielos que creí conocer
sólo vos los haces infinitos
le das olor a los colores
y llenas de color a los sonidos
y estas en todas partes
Diez veces tú, diez veces
en todos los lugares y en ninguno
veinte veces... no... treinta veces
que suenen los tambores, que suenen
que se me viene la vida encima
miércoles, 1 de octubre de 2008
En la mañana
Se enrrolló en la sábana, y se deslizó fuera de la cama. Corrió las cortinas y vió el paisaje playero a través de las grandes puertas de vidrio.
Y pensó que se le antojaba comer de aquellas frutas...
Abrió completamente las puertas y salió a la terraza, la brisa salada le acarició el pelo y el rostro, y se coló entre la sábana, y ésta la acarició su cuerpo desnudo tal como las cortinas acariciaban las puertas de vidrio, amenazando con desnudarla frente al mar. Estrujó la sábana contra sus pechos y salió aún más, y se apoyó sobre la baranda de la terraza, y miró las olas...
-El mar se parece a él- pensó y sonrió involuntariamente
-Auch- Los labios estaban secos, dolían, los chupó y miró hacia dentro de la casa, él ya se despertaba.
Él la miró desde la cama con una media sonrisa.
Ella corrió hacia él dejando que el viento volara la sábana.
viernes, 26 de septiembre de 2008
Calor
Todo mi cuerpo vibrando con deseo.
No puedo dejar de pensar en us labios sobre mi cuerpo
recorriendome sin saciarse nunca
Recuerdo tu respiración entrecortada cuando te besaba,
cuando nuestros labios se buscaban frenéticamente.
Me produce ansiedad tan solo pensar en el calor de tu cuerpo.
te quiero estremeciendote sobre mí
quiero tus manos recorriendome toda
te quiero a vos, todo, teniendome.
Pero no estás
Y si no son tus manos llevandome al extasis
si no son tus labios volviendome irracional
encontraré otros que me satisfagan.
Nunca tanto como vs
Jamás nadie sabrá como hacerme explotar como vos
Jamás buscaré desaforadamente por otros labios como buscaba los tuyos.
Pero hay muchos que serán suficiente para calentar mi frío cuerpo cuando no estés.
viernes, 19 de septiembre de 2008
Carta!!!
Para : ¿¿??
Esa noche te vi, te besabas con ella, y luego te besabas con él. Sabiendo que era conmigo con quien estabas. Subí corriendo con lágrimas en mis ojos no sabía si estabas con ellos, porque ella te daba los senos que yo no poseía, o él la estatura que no lograré jamás alcanzar. O tal vez por que nunca me quisiste.
Te dije que te amaba en un suspiro lleno de alcohol, de lágrimas, y de pensamientos.
Te dije que te iba a esperar, que yo sabía que no era el momento. Aunque adentro de mi ser, yo sabía que eso no era verdad.
Oía como la música se iba amortiguando conforme yo me iba alejando del lugar. Voltee para ver si venías a consolarme o decirme que todo estaba bien. Pero no, ahí donde volví a ver sólo reinaban las luces de la ciudad, la música del antro, y miradas incómodas de gente que me veía entre risas y preocupación, mientras yo corría desgarrado en lágrimas.
Agarré un taxi y le dije que me llevará a dar vueltas, que no tenía ningún lugar donde ir. Porque, en esos momentos no sentía ganas de volver a ese “hogar”, que sin tu presencia está vacío.
Al final me decidí volver a mi casa de nacimiento, ahí donde mis padres me recibieron con fuertes abrazos. Nunca supe, y todavía no sé si esa noche la terminaste con él, y con ella, o con más gente.
Parece que se te olvidaba la forma como hacíamos el amor… Como nuestros ojos se miraban… Como nuestra sonrisas se encontraban… Y como luego de eso…
Luego de eso…
……………
Me decías que me tenía que ir, porque te daba miedo que me pasará algo.
Sé que tenías varios nombres, porque leí los mensajes de tu celular, te llamaban con nombres que yo sabía que no eran los tuyos, te incitaban a charlas seductoras, cargadas de temas sexuales.
Y yo en mi ingenuidad y estupidez me refugiaba, pensando que podía llegar a tu corazón.
Ese fue mi error, por eso hoy en esta carta te escribo lo que sentí. Aunque no sé a quien dedicársela por que no sé por cual nombre o apodo llamarte. Así que sólo la pondré aquí en este lugar, que sé es tu favorito para que la puedas leer.
Gracias por dañarme de esa forma, porque ahora soy mucho más fuerte que lo que nunca fui. Gracias por envenenarme de odio, mentira y falsedad, porque ahora te puedo decir que te perdono de todo corazón.
Atte: YO
jueves, 18 de septiembre de 2008
Más lejos de lo que jamás pensé
Jaja, es gracioso que digas que no soy tu tipo
Pero yo puedo hacerte temblar...
Y te quemas pensando que no eres la única
te dejaría serlo, si tan sólo dejaras de estar a la defensiva
Ahora te vas, lejos de mi
Y no tengo la menor idea, de si podré encontrarte
y no puedes creer que estoy detrás de ti
Todo podría haber terminado hace tanto
pero simplemente no me importa en lo más mínimo
Y no entiendes, que las cosas se me complican demasiado
jaja es gracioso que pienses que soy una chiquilla
Te sorprendería de todo lo que soy capaz...
...Cuando me atrapan
Y sufres pensando que estoy con otro hombre...
Y ahora te vas, a otro lugar lejos
no sé si podré encontrate
Pero sientes mi respiración en tu oído
y no puedes creer que estoy detrás de ti
y me siento un poco mejor que antes
pero simplemente no me importa en lo más mínimo
llegamos más lejos de lo que jamás pensé
Es acá contigo donde quiero estar
Prométeme que esta vez no te irás
Hazme desear, pero no me engañes
Háblame, toma tu tiempo, pero háblame
y me siento mucho mejor que antes
sábado, 13 de septiembre de 2008
Tuyo y mío
Mirada tuya, mirada mía; beso tuyo, beso mío; mirada tuya perdida, mirada mía fría. Una caricia, dos caricias, tres caricias, sí, sí, varias caricias que sólo buscan despertar el placer; el tuyo por supuesto, porque para mí es lo mismo de siempre.
Comienzas por la espalda, yo te dejo; el cuello, la misma reacción; me quitas la ropa, te quito la ropa... ¿dónde está la pasión?
Ya no hay prenda que soltar, sólo besos para dar. Un beso tuyo, un beso mío; un beso fuerte, un beso frío.
Llegas hasta mis piernas para besar mi intimidad y sigues creyendo que con esas cosas me haces suspirar. Si tan sólo supieras que lo único que logras es tenerme en una cama con ganas de poder desear de verdad.
Nuevamente a mi boca. Me besas, te beso; me tocas, te toco; me sientes, ¿te siento? No, definitivamente no te siento.
No te arriesgas a cometer un error, sigues al pie de la letra alguna especie de manual con instrucciones definidas para ser el mejor. Nada nuevo, nada diferente, nada que me haga respirar fuerte.
Te colocas sobre mí, listo para actuar. Entras lentamente, sales igual; entras una vez más, vuelves a salir; entras, sales; entras, sales; entrs, sals; entr, sal; ent, sal; en, sa; en, sa; e, s; e, s; e, s; e, s... zzzz... Me aburre sólo pensarlo. La misma acción, en la misma posición y de la misma manera por 45 minutos no tiene nada de divertido. ¿Dónde está el romance? ¿Dónde está la creatividad? Se me olvidaba, entre nosotros no hay amor, sólo sexo... Y el mismo de siempre.
Tus ojos desorbitados me indican lo que viene a continuación, pretendo sentir lo mismo, pretendo! Cambio la mirada, finjo unos cuantos sonidos. Terminas, termino. Terminó, como siempre. Un beso tuyo, un beso mío; un beso cálido, un beso frío.
Toda la ropa vuelve al lugar adecuado, cuidando cada detalle para no dejar muestra alguna.
-"A que hora mañana?"- preguntas sutilmente,
-"A la misma hora"- respondo como siempre.
jueves, 11 de septiembre de 2008
Animal Humano
Y es que el sexo, es parte de nuestra naturaleza, somos seres sexuales, somos animales. Pero también somos humanos y somos seres sentimentales. Somos la única especie que además de besarse, jugar, acariciarse mientras tienen relaciones sexuales, es capaz de verse a los ojos, el uno al otro.
El sexo sin amor es un acto animal y vacío, el sexo con cariño, con amor, es un acto humano. Ambos dan delicioso placer, pero sólo el segundo se siente bien.
Si... dejémos de coger y empecemos a hacer el amor.
viernes, 5 de septiembre de 2008
El último momento
Yo nací siendo uno de esos hombres que tuvieron la dicha de tenerlo todo, buena casa con su jardín amplio, comida siempre en la mesa y si está no se encontraba ahí podía llamar a las empleadas, de niño todos los juguetes que quisiera desde los típicos legos hasta las últimas consolas de videojuegos, en la adolescencia tenía el dinero para comprar lo que quisiera ya fuera un helado o un caro juego de ropa, hasta carro tenía. Además tuve la bendición de nacer muy bien parecido, no como esos imbéciles que andan por las calles y que no son más que adefesios con accesorios que enmascaran su fealdad. En fin, lo tenía todo.
Por eso siempre fui un gran irresponsable en el estudio y en el amor, me acuerdo de una tal Jimena, guapa como ella sola, unos muslos bien ejercitados y un abdomen plano plano; le prometí cielo y tierra, entiendase joyas y diamantes. Al final después de una loca noche de sexo la deje llorando con el corazón en la mano y las manos atrás de la espalda, y le dije que ya había obtenido lo que quería y le tire unos cuantos billetes para que se comprara sus diamantes, aunque estos fueran de fantasía.
Con María fue distinto, ella era una niña, y si, digo niña por que recién había cumplido los dieciséis y yo ya de veinti-tantos con mucha más experiencia que el mismo diablo, le dije que la amaba, que era lo más hermoso que había visto; y aclaro lo hermoso eran mis deseos de tenerla a mi lado en la cama. Y con esos típicos cuentos, más trillados que novelas mexicanas, le pedí la famosa prueba de amor. Claro ella en su inocencia adolescente, su humildad de típica mujer campesina que se viene enfrentando a la ciudad por primera vez y su amor hacia mi, temerosa al inicio y tierna después accedió.
La hice como quise, sin que me importara mucho que fuera su primera vez, en fin eso era lo que yo buscaba. Ella me entrego su cuerpo y su alma y por supuesto tomé sólo su cuerpo. A los días le dije que no podía seguir con ella por que había encontrado alguien más a mi altura, y le obsequie una cadenita de plata por su buen comportamiento. Aunque ese detalle no evito que se devolviera a su pueblo decepcionada y totalmente destruida.
Luego conocí a Lorena, salvaje, un poco agresiva en el sexo, de ojos como fuego y piel bronceada. Esta si fue más inteligente y logró tener mi compañía por casi medio año, obviamente medio año en el que yo probaba alguno que otro postre del menú. Hasta que un día me descubrió con una muchacha de colegio y la obligo a marcharse. Como toda mujer indignada, decidió armarme pleito y ni para que lo hizo, termino en la clínica para que le revisarán los golpes y laceraciones que le cause por mi cólera; creo que se me paso la mano, pero ella tenía la culpa por llegar antes de lo previsto, la agarre por el pelo y la golpee contra la mesita de noche de la cama y luego le di una patada que la dejo tumbada en el suelo. Y como se imaginarán ahí termino todo.
Pasó ya bastante tiempo, hasta que un Domingo cuando iba a ver las mujeres que salían de la misa de las once, la vi. Pelo negro lacio, ojos verdes, alta, morena, curvas perfectas, porte de reina y un aroma a fruta del edén.
Se llamaba Karina, y aunque al principio buscaba lo mismo que con las demás, no sé como poco a poco empecé a sentir lo que nunca antes, esa palabra que dicha a la ligera suena estúpida, pero que dicha de corazón es como el paraíso. Si, sentí amor.
¡Maldita sea! Nos casamos a los meses, firmamos los documentos legales que le proporcionarían una vida segura en caso de un accidente que me sucediera.
Ella sabía lo que iba a hacer, nueve meses después de casarnos, llegó un día y me dijo “tenemos que hablar”, esa frase todavía resuena en mis oídos, esas palabras nunca advierten algo bueno.
Comenzamos a hablar me dijo que no me amaba, que sólo había estado fingiendo que era feliz a mi lado, que yo era un asco de persona, que no sabía hacer nada bien y mucho menos el amor, y que con respecto a ese tema, me iba a enseñar algo. Y si que me lo enseñó, me enseñó mi camino a la muerte, me extendió un sobre el cual abrí al momento con lágrimas en mis ojos, ya que pensaba que era el divorcio, pero no, no lo era, eran fotos de ella, desnuda en poses sexuales con otros hombres, con mujeres, y hasta con los dos sexos a la vez.
No lo podía creer, mi vida se hizo pedazos en ese momento, le grite, la llame puta, golpee la mesa, lloré, agarre el florero y lo tiré contra la puerta, me le acerqué, pero de inmediato me aleje, me producía una extraña sensación, como de asco, con dolor, ira y desilución.
No pude más y me tire al piso, como un niño que gatea busca el abrazo de su madre. Así totalmente vulnerable por primera vez sentí el dolor de un corazón roto, justo en ese momento me paso una lista de facturas por millones que estaban a mi nombre, de vestidos carísimos, un automóvil, perfumes, joyas, viajes que se suponían que eran de trabajo y que en realidad habían salido de mis bolsillos. No necesite calculadora para saber que estaba en la quiebra, fijo por eso me dejo.
Ella se dirigió hacia la puerta agarro un trozo del vidrio del florero quebrado, con sus manos cubiertas por unos finos guantes, y me lo puso en mi palma. Y se fue sin volver a mirar atrás.
Entonces las recordé, y vi a Jimena vestida con joyas y tomo mi mano vacía y se la acerco a Lorena que sostenía mi mano con el vidrio en ella y ahí apareció María, la inocente María que tomo ambas manos e hizo que me cortara las venas no sin antes dejarme la cadenita de plata que le había regalado, en mi cuello.
Se levantaron agarraron una vela roja cada una, y la pusieron ahí donde en este momento las estoy viendo, ya casi derretidas por completo, fundiéndose con el rojo de mi sangre que avanza por el piso. Y de blanco angelical las tres mujeres a las que les destruí de vida poco a poco iban ascendiendo hacia el techo, hasta dejarme sólo.
Una última lágrima cae de mis ojos, sé que ya es muy tarde para arrepentirme, pero lo hago con toda mi alma.
La voz de Karina se oía a lo lejos diciendo que toda mi fortuna ahora pasaría a su nombre, y que todo había sido un vil montaje.
Mis ojos se cerraron y sólo mi mente es la que segundo tras segundo se va consumiendo.
miércoles, 3 de septiembre de 2008
Lo que nos hace falta
Pero hoy, por fin estábamos solos, presionaste con fuerza mi cuerpo entre la pared y tú, mientras me besabas “de verdad”.
El cuello, adoro sentir tus labios en mi cuello, el olor de tu pelo…
Tus manos, suaves, rápidas, lentas… para este momento ya tengo mucho calor, la ropa me estorba, mis labios están muy rojos y tengo sed. Me encanta el sabor de tu boca, sobre todo cuando tengo sed.
La pared se vuelve pequeña e incómoda, de alguna forma terminamos en el suelo. El tiempo no camina, pero todo va tan rápido…
Tu mirada, los ojos entrecerrados, esa sonrisilla… humm… sí, me gusta, me gustás mucho…
Ya no hay ropa que me estorbe, me la arrebataste sin que me diera cuenta.
También me gustan tus manos, son suaves, no me hacen daño, bueno sólo a veces, pero en este momento siento tantas cosas que esos pequeños pinchazos de dolor ni se sienten… me gustan tus manos, y tus dedos, me gusta como me tocás.
Me gusta, se siente tan bien...pero ya no tanto… no sé, de repente el vernos así, no tiene tanto sentido, ya sé, se supone que uno no piensa, por lo menos no en esta situación, y no es que no tenga ganas, simplemente al verte encima mío, te quiero apartar, quita, quita…
…No sé… a lo mejor lo que hace falta entre nosotros no es el sexo.
Cuestión de sudores
No me resultó tan difícil como pensaba. Un poco de estilo, una cuota de romanticismo y presto. La primera presa cayó en mis brazos... Yo siempre he pensado que hay gente que nació para ser cogida, gente que con cualquier cuento se la llevan a la cama (en el menos creativo de los casos, claro está), y otros que nacimos simplemente para cortar cabezas.
Jaja me burlo de mí mismo por cómo sonó eso, me sentí Mr. Algo por un momento. Pero esta historia fue así, rara. Salí con las ganas de algo más que unos tragos, un baile, un aprete y un número de teléfono. La suerte me acompañó esa noche (parece que vio mi cara de desesperado en celibato) y resultó que ligué.
La rutina previa fue corta, encontré poca resistencia ante mis manos irreverentes y mis gestos lascivos. Unas cuantas palabras que transmitieran mis intenciones y en pocos minutos ya íbamos en mi carro camino al matadero. ¡Ah, qué bonita es la sensación de macho libre y cogedor!
Llegamos y no dejé que abriera la boca para pronunciar palabra, saqué mis instintos primitivos y me entregué a saborear, a tocar, a oler como un animal en celo. Entre aspiraciones y caricias desnudé su cuerpo. Esa noche me sentía animal, quería sexo creativo, sexo exótico, como en los viejos tiempos.
Pronto, muy pronto, nos convertimos en un amasijo de carne mojada. Debo confesar que el sudor es uno de mis fetiches más queridos, y digo uno porque eso de los fetiches es todo un arte del cual descubro día a día más secretos. Me gustaba su olor, apenas perceptible, un poco seco y embriagador. No podía contenerme y lo probé, quería más, mucho más. Ese saborcito salado me tenía en las nubes. Empecé a recordar. Ese sabor no era igual, le faltaba textura, le faltaba esencia...
¡Me cago en la memoria! De verdad que en momentos así no me sirve de nada. ¿Cómo es posible que en media cogida me este acordando de vos, del olor de tu cuerpo sudado? Pensé que cuando uno ponía un PUNTO FINAL era precisamente eso, UN FINAL. Es hora de cambiar de estación, eso de los sentimientos baratos y las cursilerías rosas no es de machos como yo. Con esa idea en mente me dispuse a ignorar la avalancha de sensaciones que me recordaban tu cuerpo escurridizo, que no hace mucho tiempo atrás se perdía entre mis piernas.
¿Y es que cómo podía ignorar que tenía sexo en la misma cama en la que hacía el amor con vos? ¿Cómo explicarle a mi cerebro que entre coger y hacer el amor la diferencia es el amor? Ya no quiero recordar, bueno, lo que no quiero es pensar, recordar por lo menos me excita, aunque cuando esté solo me funda en la melancolía...
¡Mierda, ya es suficiente! Lo que tengo que hacer es concentrarme en seguir cogiendo que si no esta noche quedaré como un mal polvo ante mi nueva presa. ¿En qué estaba? ¡Ah si, en el sudor! Me recargué despacio sobre mi amante y empecé a succionar su cuello con la fiereza animal del recuerdo de un cuerpo ahora ajeno y con el resonar instintivo de la memoria de mis sentidos. Poco a poco mi lengua busca nuevos sabores mientras baja por la línea secular que me lleva hasta un ombligo y más abajo a mi agasajo favorito. Esa noche fue larga. Recordar y tratar de olvidar, junto con las ganas de coger, son uno de los mejores afrodisíacos que he probado en mi vida. Lástima que tenga el peor efecto secundario para los hombres, el sentir que hemos perdido a alguien que de verdad llegamos a amar.
domingo, 3 de agosto de 2008
Una noche más
Tu olor en mi piel
me hace desearte aún más
Es tal cosa posible?
Tan solo recordar tu respiración me lleva a lugares más allá de tu imaginación
Te quiero
No..
Te deseo
Me es necesario tu sabor en mi boca, tu piel contra la mía
mi instinto animal surge con tan solo pensar en tu tacto
en todo aquello que hicimos
en como hacías mi piel erizarse
en la forma en que me hacías gemir
Tu poder sobre mí va más allá de mi control
Ocupo tu olor sobre mí
todo el día
todos los días
Recuerdo la forma en que me desvestías
lentamente
besando cada curva de mi cuerpo
recorriendome completa con las puntas de tus dedos
Pero luego,
luego era como si toda la vida no te bastara para desearme
para hacerme tuya
para tenerte y tenerme
para besarnos
para ser uno solo.
En esas cuatro paredes eramos solo tu y yo
y el calor de nuestros cuerpos
No puedo sacar de mi cabeza nuestros besos
la forma en que mordías mis labios
como si nunca te pudieras satisfacer
el sabor de tu boca
el sabor de tu piel cuando estabas sobre mí
aquellos besos que comían mi cuello
Oh tus manos por mi cuello
por mi cuerpo vibrante de deseo
por mis piernas
por mis pechos
por cada rincon de mi cuerpo
Mis uñas pasando por tu espalda
tus gemidos de placer
la fuerza con la que me sujetabas
Conocías cada centímetro de mí
y yo sabía como tocarte
en cada punto de tu ser
y como hacerte esperar
hasta aquel orgasmo final
El placer, la pasión, el deseo
de tan solo tenerte en la misma habitación
No podía esperar a quitarte la ropa
a tenerte encima de mí
a que fueras solo mío
y yo solo tuya
y tuvieramos una noche más.
una noche más.
miércoles, 30 de julio de 2008
Solo eso quiero...
Hoy quiero ser yo la desquiciada que te ve a ti. Quiero espiar cada rincón de tu cuerpo mientras te desnudas al ritmo de mi aliento. Hazme vivir esta pasión voyeurista de seguir atenta tus movimientos, sin censura, sin pudor alguno. Quiero verte bailar con tu mirada acechándome justo al borde de mi cama, invitándome a disfrutar los placeres de tu cuerpo. Esta noche serás tu ese jovencito inocente que descubrirá el placer en mi, me seducirás despacio, con lujuria y decadencia.
Quiero que me incites, que me provoques, que muerdas tus labios quieto para verte. Que gatees por la cama hasta llegar a mi. Que me intentes besar mientras yo te lo niego, haciéndote sufrir de pasión. Quiero pegarte cuando intentes tocarme, como cuando una madre castiga a su niño malcriado. Deseo escuchar que ruegues hacerme el amor, que me supliques a gritos el permiso de tocar mis caderas, mis senos, mi cuerpo que te obsesiona y te hace esclavo.
Te quiero ver ahí, sediento, humillado, que lo único en lo que puedas pensar sea en mis labios, en su calor y su humedad. Que tu neurona se caliente pensando en la forma en que hago el amor, en como me muevo y como se siente mi ardiente elixir. Así me volverás loca, me harás sentir tu dueña y yo cómo ama justa te haré comer de mi vid.
Comerás hasta que se me nuble el deseo, hasta que pierda el sentido y justo cuando lo haga te clavaré mis uñas y dejaré en tu piel mi marca para que me sigas sintiendo y recordando siempre. Para que te vuelvas loco pensado en lo que te hice sentir, en como te excitaba que yo me negara, que buscara retrasar el placer en ti y en mi.
Quiero que te obsesiones conmigo, que me llames, que me acoses, que sientas la necesidad de hacerme el amor para seguir viviendo y yo, yo seguiré negándome, aprovechándome de tu deseo para cumplir el mío, seré la sumisa que piensas que soy pero seguiré controlando tu deseo y manipulando con mi cuerpo tu mente de adicto sediento.
Quiero hacerte sufrir, solo eso quiero.
lunes, 28 de julio de 2008
Incubo
Mi lengua te mata. Caliente y precoz te recorre. Tu cabeza va explotar, un leve gemido rompe en tu habitación y hace repicar mis sentidos. Voy por buen camino. Sigo mi ruta, tu placer es mi meta. De repente tomas el control, esto no lo esperaba. Me agarras fuertemente el pelo y con furia me levantas hasta tu cara, me plantas un beso que busca comer mis entrañas. Arremetes violentamente y con mirada pícara me domas clavando tu uñas en mi pecho. Con esa cara de lujuria me haces tuyo, sin reparos, sin censura y yo correspondo a tu arrebato dándote lo mejor de mi. Tus fantasías fluyen en las sábanas, esta noche estoy dispuesto a cumplirlas, todas y cada una de ellas.
Definitivamente siempre supe que lo mío no eran precisamente las alas y las aureolas. Tanto blanco, tanta nube, me asfixiaban. Yo soy un ser mucho más carnal, más terrenal, así que el castigo que se me impuso lo veo más como la vida que yo mismo escogí vivir.
Soy algo así como el sueño secreto que anhelan muchas mentes, muchos cuerpos, causante de miles de sonrojos. No tengo nombre, alguna vez lo tuve pero ya lo olvidé. Soy quien quieras que sea, me veo como quieres que me vea y hago lo que siempre has querido que te hagan. Soy ese deseo nocturno que se cuela entre tus sábanas y humedece tus sueños con el descaro más grande del mundo. Me convierto en pasión, en locura, en anhelo. Paso mis horas buscando cuerpos deseosos, metiéndome en sus camas y haciéndolos sentir lo que nadie los hará experimentar jamás. A cambio les robo su vida, su energía y así conservo la mía. No sigo las reglas, nunca lo he hecho. Viviré como el demonio que soy por el resto de mi existencia mientras siga encendiendo esas flamas en aquellos sedientos de sexo, a quienes seco un poco cada noche, orgasmo con orgasmo.
Esta noche iré contigo, espérame...
miércoles, 16 de julio de 2008
Amándome
Nublado por la pasión del momento caí ante la pecaminosa tentación. Empecé a acariciar mi cara, conociendo cada milímetro de ella. Pasaba mi mano lento, como un ciego que conoce por primera vez a un amigo. Debo confesar que al principio lo hacía con más excitación que cariño, pero poco a poco la ternura se conjugó con el deseo y me quise como nunca antes me había querido.
Pase mi lengua por mis labios, saboreándolos y mordiendo lo jugoso de sus carnes. Descubrí la calidez de mi boca y lo certera que es mi lengua jugueteando en cada rincón de mi cavidad bucal. Besé suavemente mi rostro, mis párpados, mi frente, mis mejillas, cada mísero rincón que me hiciera sentir. Mordisqueé los lóbulos de mis orejas, buscando el placer ingrato que en mi eso provoca.
No hubo una sola parte de mi rostro con la que no jugueteara. Pero quedaba aún mucho más por descubrir, por recordar, por explorar. Bajé lentamente mi lengua por mi cuello llenándolo de saliva, dando mordisquitos que me hacían estremecerme. Pase mi lengua por todo mi pecho, ensalivando cada centímetro y luego empecé a soplar lentamente sobre él. Ese contraste entre lo caliente de mi cuerpo y el frío que mi aliento y mi saliva me hacían sentir, me volvía completamente loco.
Cada poro de mi piel sentía mi pasión, esa lujuria mal sana que carcomía mis adentros, ese amor narcisista que me provocaba aquella situación mundana. Seguí mi camino, arañando los costados de mi abdomen y besando a piquitos mi ombligo, me hacía cosquillas, un poco, pero para ese momento ya todo era sensual y sexual. Buscaba darlo todo, quería hacerme sentir hasta el último placer que mi cuerpo pudiese dar y recibir.
Después de muchos juegos y de que la temperatura hiciera explotar los termómetros de mi cuerpo, pasó lo inevitable, me hice el amor entre quejidos y exclamaciones guturales. No sabía pensar, solo sentía. Podía notar mi virilidad y ese poder tan masculino de mi pasión. Abrazaba mi cuerpo, acariciando todo lo que estuviera al alcance de mis manos mientras aumentaba el ritmo de mis estocadas de torero asesino. Fue el placer más intenso que he vivido jamás. La potencia del clímax fue incomparable, los segundos se hicieron horas y el tiempo se detuvo para inundarme de placer. Cerré ese episodio dándome un beso de oro lleno de dulzura y pasión juvenil e inocente.
Esa tarde fue increíble, descubrí lo sensual que puedo ser y lo bien que se sienten mis caricias al hacer el amor, bebí de la vid de mi boca y de mi amor. Solo por esa tarde exploré mi cuerpo y conocí cada rincón que me hace explotar, ese momento, el único por el resto de mi vida.
Cuando todo terminó y recuperamos el aliento, nos vestimos. Ninguno de los dos habló. Lo que acababa de ocurrir era impensable, era el peor pecado que jamás pudimos haber cometido. El era yo y yo era él, hermanos gemelos, un solo cuerpo y dos mentes separadas que por culpa del deseo se hicieron una en esa cama y se conocieron a sí mismos como nunca antes lo habían hecho.
- Nunca más pasará
(...aunque ambos cuerpos lo griten)
lunes, 30 de junio de 2008
Las respuestas le eran indiferentes. Disfrutaría del momento y dejería de pensar. Admiraría aquel cuerpo con cada uno de sus sentidos, con cada onza de su ser hasta perder la cordura de ser necesario. Su pasión crecía y conforme lo hacía, sus dudas se hacían menores. El disfrutaba de cada movimiento realizado. Cada contorsión, cada jadeo significaban un segundo más de satisfación.
Su deleite aumentaba. Nunca en su vida había sentido algo tan gratificante. Sabía que pronto terminaría. Mordió suavemente la oreja del cuerpo caliente bajo el suyo mientras disfrutaba de los ultimos momentos del encuentro.
Se hizo a un lado de la cama y respiro profundamente todavía jadeando. Su felicidad no podía ser mayor, hasta que notó que el caliente cuerpo a su lado se levantaba de la cama. Boquiabierto la vio levantarse de la cama, ponerse su ropa y dirigirse a la puerta. Titubeante le dijo
jueves, 26 de junio de 2008
Sangre, Ámbar y Yo
Entre esas antiguas sábanas blancas, en ese momento no tan blancas. Mientras me volteaba a ver con una sonrisa macabra en su mirada.
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Desnuda y a la vez cubierta. Debía tener alrededor de unos 35 años, blanca, delgada, cabello oscuro y de un porte real, que en ese momento le confería un aire de princesa nocturna sobre las blancas sábanas.
Noté como sus piernas relucían sedosas al reflejar la luna de esa noche fría. Vi sus muslos y su entrepierna. Los primeros bien formados y ejercitados con el punto perfecto entre esbeltez y fuerza. Lo segundo fue lo que más me excito, un cáliz dispuesto a recibir todos mis encantos y masculinidad.
Sus pechos me seducían como seduce lo dulce a las hormigas. Veía como se mantenían firmes cuando ella hablaba, no muy grandes y no muy pequeños. Sólo del tamaño perfecto para poderlos acariciar entre mis manos.
Me le acerqué desnudándome nerviosamente poco a poco, pero sabiéndola seducir con mi físico bien esculpido, y viéndola directamente a sus ojos verdes, obligándola que a su vez ella viera mis ojos negros.
Vi como posaba su atenta mirada cuando me despoje de mi ropa más íntima, y pude notar su divertida mirada de travesura.
No lo pensé dos veces, si ella me seducía, yo iba a aceptar la seducción. Y me pose sobre ella acariciándola con el dorso de mis manos, de una forma casi más amorosa, que apasionada. Fui recorriendo su cuerpo, sentí su cabello negro y largo entre mis dedos, sentí su cara suave y tersa, seguí con su cuello hasta llegar a sus senos, ahí me detuve un breve momento mientras la oía gozar de la experiencia. Iba a seguir bajando cuando me poseyeron unas ganas inmensas de saborear su piel además de sentirla.
Decidí que comenzaría con sus manos, pero justo en el momento en que pose su dedo índice en mis labios sentí un sabor a óxido o mejor dicho a hierro. Entonces le preste más atención a sus manos y lo que descubrí casi me deja sin aliento.
Sus largas uñas estaban llenas de sangre, pero también lo estaban sus manos. Di un salto y me aparté rápidamente de ella, pero no lo suficiente para detener el beso que ella me dio en el cuello. En ese momento lo sentí, había estado tan excitado oyéndola gemir, que no note que sus uñas arañaban y rasgaban de forma delicada la piel de mi espalda. Lo extraño de la situación me lleno de un ardiente deseo renovado por tomarla ahí mismo, tal vez fuera por el fetiche de ver la sangre o sencillamente que no podía resistir esos ojos verdes.
Me acomodé y nos unimos entre gemidos de placer y suaves gritos de dolor. Ella fue mía y yo de ella en ese momento, moviéndonos como uno sólo, y notando la sangre que ahora también bajaba de mi pecho y que bajaba justo a su entrepierna, lo cual me aumentaba radicalmente el placer, viendo mi líquido vital en su zona más íntima, y pintando mi hombría de color escarlata.
Aumentamos la velocidad hasta acercarnos poco a poco al frenético orgasmo que deseábamos. Y justo en ese momento, cuando yo sentía ya dentro mío una explosión de estrellas, que me besó como una fiera en la boca. Esto me hizo sentir el éxtasis más grande que en mi vida había sentido, quede teñido por la sangre, cansado por el esfuerzo, débil por el orgasmo; y justo hasta ese momento note que también quede muerto ya que de mis heridas no brotaba más sangre, toda la tenía ella entre sus piernas, entre sus labios, sobre su cara, en sus pechos, y hasta en las sábanas blancas donde estaba muriendo.
La observé por última vez y la vi riendo.
Entre esas antiguas sábanas blancas, en ese momento no tan blancas. Mientras me volteaba a ver con una sonrisa macabra en su mirada.
Justo en ese momento me dijo mi nombre es Ámbar ...
El resto no lo pude oír sólo cerré por última vez mis ojos, y me trasladé a quien sabe que otra dimensión lejana.
Aquel tesoro...
No fue para mi el primero, ni el segundo, ni el tercero, pero definitivamente ese tuvo algo especial... Siempre son diferentes, siempre son buenos. Sin embargo, este tuvo un extra que no esperaba... Fue como un premio por mi afanosa labor de convencer a esta simpática e inocente creaturita, sentenciada por la Luna de abril, a morir entre mis piernas y renacer entre mis brazos.
