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sábado, 23 de mayo de 2009

No me des tregua

Por supuesto que ya sé.
Si no supiera no estaríamos en estas.
El problema es que sé acerca de un lado de vos,
el lado que podría amar,
el lado que me acaricia el rostro como quien no quiere la cosa,
ese vos que me abraza porque sí,
el que se deja de varas y me lo dice directamente
sin arreglos, ni adornos, no excusas.
Ese lado, ese lado tuyo podría ser mi perdición.
Así que no me tengás compasión, no me des tregua, no me dejés amarte. 
Se inesperado y bipolar, que no salga siempre a jugar tu alter ego.
Mándame a callar,
háceme creer que no te importa,
que yo no te importo.
Pelea conmigo por el amor de Dios,
tomame en tus brazos y haceme creer,
y luego ignorame.
No me dejés confiar en vos,
no me dejés creer que tus intenciones son buenas,
no me dejés caer en el cliché de soñar con vos.
Yo no puedo llegar a necesitarte.
No me des tregua.

sábado, 13 de diciembre de 2008

Abracemos al odio

¿Alguna vez han odiado apasionadamente? Es un sentimiento maravilloso que nos permite hacer y decir cosas que normalmente no podríamos lograr.

Sentir el odio consumir poco a poco nuestra humanidad es una de las pocas experiencias que todos deben vivir al menos una vez en la vida. Un profundo rencor, una obsesión macabra, un deseo de venganza, una desesperación violenta, todas estas emociones son las que nos definen como personas.

Si se quiere conocer a una persona, hay que observarla en un momento de locura psicótica, donde nos deshacemos de nuestras ataduras sociales y mostramos al mundo como verdaderamente somos.

Además, lo más bello del odio es que es el único sentimiento único y característico del ser humano. Los animales sienten miedo, pasión, lujuria, amor, aburrimiento y muchos otros sentimientos que comparten con nosotros, pero nunca sienten odio.

No olvidemos las propiedades sociales del odio. Marx dijo que la historia de la humanidad es una historia de lucha de clases, pero obvio el hecho de que esta lucha se da gracias al odio entre seres humanos. El odio tiene la capacidad de crear revoluciones, reformas, guerras, genocidios, caos, muerte y destrucción, cosa que ningún otro sentimiento humano puede emular.

El odio enciende nuestras almas, acelera nuestros corazones, apasiona nuestra rutina y da sentido a nuestras vidas. Una vida sin odio sería como una cerveza sin alcohol, puede que sepa bien, pero no va a llegar a nada.

Por estas y muchas más razones extiendo la invitación a odiar más y odiar mejor, a detestar a quienes nos rodean y repudiar a quienes están lejos, a sonreír menos y perdernos en la locura, a olvidar a nuestros seres queridos y a alejar a quienes nos alegran. Evitemos los abrazos y los placeres de la vida, que nos alejan del verdadero camino, de la oscuridad y de las maravillas que nos ofrece el profundo y perenne odio.

lunes, 6 de octubre de 2008

Muerte Mañanera

A las siete de la mañana, un sol pálido comenzó a calentar su piel por última vez. Era algo normal que viera el amanecer entre basura, pero había una frescura revitalizadora en el aire.


Haciendo memoria, se encontró de nuevo en la calle. La transacción siempre había sido simple, pero esta vez le pedieron más plata. Si la hubiera tenido, la hubiera dado. Realmente necesitaba esa piedra.


No tenía la técnica para tachar carros, ni los recursos para un bajonazo. No se consideraba tan adicto como para asaltar a un tercero, ni tan habil para robar una cartera.


Lo único que tenía era lo que le daban de limosna. Ya su familia se había desentendido de él, no podía pedir trabajo en esas condiciones, y era totalmente incompatible con el hampa.


Sólo había una forma sostenible de financiar su adicción. Nunca lo había hecho, pero algunos le habían dicho que era perfecto para el brete, y que pagan bien.


Su primer cliente estaba tan desubicado cómo él. Ninguno de los dos sabía muy bien cómo empezar, ni en donde hacerlo. Terminaron en un callejón despoblado, bañados en sudor y basura.


Después de trabajar sólo podía fantasear con una piedra. Corría renqueando hasta el primer bunker que viera para gastar todo su dinero.


Llovía cuando se dio cuenta que estaba en el fondo. Bajo un cartón, vio un comemaíz bañarse en un charco. Al oírlo cantar, recordó la cantidad impresionante de vida que sale con la lluvia. Recordó los sapos, los grillos, las aves...


Las aves... cómo le encantaba su canción de alegría bajo la lluvia. Amaba el olor a tierra mojada, sentarse en un árbol a comer jocotes, tirarse a la poza a buscar piedras de colores, correr descalzo en el zacate...


Y ahora, rodeado de vida, no podía sonreír. Sus preocupaciones eran buscar un cartón nuevo y conseguir otra piedra. Fue en este momento cuando se dio cuenta de lo bajo que ha caído, ya no le preocupaba su situación, su futuro, su vida.


Trató de levantarse. Sus piernas no soportaron su peso. Poca comida, mucha piedra.


Una montaña de basura lo recibió con los brazos abiertos. Mientras se revolcaba buscando la salvación vio a un joven comprando. Gritó, lloró, rezó.


Mientras su alma se escapa de sus labios se lamenta por el joven. El mercado dicta que debe haber un cliente que reemplace a los que se retiran.


La mano invisible da, la mano invisible quita.


Es la Ley.


Nadie escapa a la Ley.

lunes, 30 de junio de 2008

Se asusta hasta con su propia sombra
no hay valor alguno en su corazón
su imagen en el espejo es su peor enemigo
huye de cualquier sentimiento de amor
ternura, afecto o intimidad
no de los encuentros que puedan llevar a estos
pero del sentimiento en sí
no tiene fe en la raza humana
y la fe en sí misma nunca la conoció
Solo conoce el dolor
y es lo unico que sabe dar
al principio te engaña
parece ingenua y bien intencionada
pero realmente ese rato de pasión
no durará más que unos instantes
antes de que obsesión con el dolor
supere al placer pasajero