¿Alguna vez han odiado apasionadamente? Es un sentimiento maravilloso que nos permite hacer y decir cosas que normalmente no podríamos lograr.
Sentir el odio consumir poco a poco nuestra humanidad es una de las pocas experiencias que todos deben vivir al menos una vez en la vida. Un profundo rencor, una obsesión macabra, un deseo de venganza, una desesperación violenta, todas estas emociones son las que nos definen como personas.
Si se quiere conocer a una persona, hay que observarla en un momento de locura psicótica, donde nos deshacemos de nuestras ataduras sociales y mostramos al mundo como verdaderamente somos.
Además, lo más bello del odio es que es el único sentimiento único y característico del ser humano. Los animales sienten miedo, pasión, lujuria, amor, aburrimiento y muchos otros sentimientos que comparten con nosotros, pero nunca sienten odio.
No olvidemos las propiedades sociales del odio. Marx dijo que la historia de la humanidad es una historia de lucha de clases, pero obvio el hecho de que esta lucha se da gracias al odio entre seres humanos. El odio tiene la capacidad de crear revoluciones, reformas, guerras, genocidios, caos, muerte y destrucción, cosa que ningún otro sentimiento humano puede emular.
El odio enciende nuestras almas, acelera nuestros corazones, apasiona nuestra rutina y da sentido a nuestras vidas. Una vida sin odio sería como una cerveza sin alcohol, puede que sepa bien, pero no va a llegar a nada.
Por estas y muchas más razones extiendo la invitación a odiar más y odiar mejor, a detestar a quienes nos rodean y repudiar a quienes están lejos, a sonreír menos y perdernos en la locura, a olvidar a nuestros seres queridos y a alejar a quienes nos alegran. Evitemos los abrazos y los placeres de la vida, que nos alejan del verdadero camino, de la oscuridad y de las maravillas que nos ofrece el profundo y perenne odio.
Mostrando entradas con la etiqueta obsesión. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta obsesión. Mostrar todas las entradas
sábado, 13 de diciembre de 2008
sábado, 27 de septiembre de 2008
Esa piel
Adoro esa piel. Fantaseo día y noche con tenerla en mis manos, y esta noche, por fin, vamos a estar juntos. Sólo esa piel tiene semejante efecto en mi, puede que no sea como las de los anuncios, puede que no sea la más cotizada por mis pares, puede que tenga algunas imperfecciones, pero solo esa piel me motiva, solo esa piel me excita, solo esa piel me desvela.
Desde el día que el destino nos presentó, mi vida no tiene otro objetivo que estar con ella. Ya no me atrae ningún placer carnal, las artes han empalidecido ante ella, los músicos han enmudecido para mi, y el teatro ha perdido sentido. Solo la presencia de esa piel me hace sentir vivo, es el único motivo para salir de mi casa, es la única razón de mis pocas sonrisas.
Seríamos tan felices juntos, la pasión se desbordaría a niveles incalculables, nuestra alegría sería eterna. Pero, para mi desdicha, esa desgraciada mujer imposibilita nuestra relación. Ella siempre está con mi amada, siempre se interpone entre nosotros, siempre me observa con esos ojos. ¡Cómo odio esos ojos! no entiendo cómo semejante belleza puede juntarse con esos ojos. Siempre observando, no puedo apreciar esa piel perfecta sin topármelos, no puedo disfrutar de la vida sin que me juzguen.
Pero esta noche, esta maravillosa noche, voy a tomarla sin que esos miserables ojos me detengan. Esta noche sin luna es perfecta para nuestro tan esperando encuentro. He preparado todo lo necesario con meses de anticipación, planeado cada paso con detenimiento, revisado minuciosamente todos los instrumentos y analizado cada detalle a profundidad. Nada va salir mal esta noche, nada puede salir mal esta noche.
Aunque tengo un plan detallado de nuestro primer encuentro, aunque haya soñado con esta noche por meses, aunque haya visualizado cada momento, no puedo evitar sentirme nervioso. Silencioso, me acerco a ella. No quiero apresurar las cosas, quiero que ella recuerde esta noche como la mejor de su vida, porque definitivamente, esta va a ser una noche inolvidable.
Al tenerla ante mis ojos, todos mis planes se borraron de mi mente. La perfección en su más pura forma está frente a mis ojos, lista para que la tome. No puedo describir mi emoción en estos momentos, mi corazón palpita a más no poder, mi respiración se acelera, mis manos sudan y mi pulso tiembla. A pesar de mi nerviosismo, esta va a ser una noche perfecta.
Y lo hubiera sido si no fuera por esos ojos. A pesar de asegurarme de que no estaban presentes, despertaron súbitamente, acompañados por los gritos desesperados de esa detestable mujer. ¡Cómo odio a esa mujer! sólo ella puede ser capaz de detener nuestro amor, sólo ella puede ser así de insensible ante nuestro profundo romance, sólo ella puede ser tan repugnante para gritar despavorida ante mi presencia. Definitivamente, ella tenía que callarse si yo quisiera disfrutar de esa piel.
Un par de golpes no fueron suficientes para tranquilizar a esa desesperante mujer. Por suerte, vine preparado para todo. Un póco de éter es suficiente para dormirla de nuevo. Para no dejar nada al azar, decidí atarla y amordazarla para prevenir futuras interrupciones. Todo tiene que ser perfecto para mi amada.
Esos gritos seguramente han alertado a algún habitante de esta casa, por lo que debo acelerar el plan, por más que deteste esa idea. Puede que este momento no sea tan romántico como quisiera, pero una vez que la tenga, voy a poder disfrutarla cuantas veces quiera, y no puedo arriesgarme a perderla.
Mientras separo tan preciada piel de semejante monstruosidad de persona, me sigo preguntando como una piel tan hermosa le puede pertencer a una mujer tan detestable.
Desde el día que el destino nos presentó, mi vida no tiene otro objetivo que estar con ella. Ya no me atrae ningún placer carnal, las artes han empalidecido ante ella, los músicos han enmudecido para mi, y el teatro ha perdido sentido. Solo la presencia de esa piel me hace sentir vivo, es el único motivo para salir de mi casa, es la única razón de mis pocas sonrisas.
Seríamos tan felices juntos, la pasión se desbordaría a niveles incalculables, nuestra alegría sería eterna. Pero, para mi desdicha, esa desgraciada mujer imposibilita nuestra relación. Ella siempre está con mi amada, siempre se interpone entre nosotros, siempre me observa con esos ojos. ¡Cómo odio esos ojos! no entiendo cómo semejante belleza puede juntarse con esos ojos. Siempre observando, no puedo apreciar esa piel perfecta sin topármelos, no puedo disfrutar de la vida sin que me juzguen.
Pero esta noche, esta maravillosa noche, voy a tomarla sin que esos miserables ojos me detengan. Esta noche sin luna es perfecta para nuestro tan esperando encuentro. He preparado todo lo necesario con meses de anticipación, planeado cada paso con detenimiento, revisado minuciosamente todos los instrumentos y analizado cada detalle a profundidad. Nada va salir mal esta noche, nada puede salir mal esta noche.
Aunque tengo un plan detallado de nuestro primer encuentro, aunque haya soñado con esta noche por meses, aunque haya visualizado cada momento, no puedo evitar sentirme nervioso. Silencioso, me acerco a ella. No quiero apresurar las cosas, quiero que ella recuerde esta noche como la mejor de su vida, porque definitivamente, esta va a ser una noche inolvidable.
Al tenerla ante mis ojos, todos mis planes se borraron de mi mente. La perfección en su más pura forma está frente a mis ojos, lista para que la tome. No puedo describir mi emoción en estos momentos, mi corazón palpita a más no poder, mi respiración se acelera, mis manos sudan y mi pulso tiembla. A pesar de mi nerviosismo, esta va a ser una noche perfecta.
Y lo hubiera sido si no fuera por esos ojos. A pesar de asegurarme de que no estaban presentes, despertaron súbitamente, acompañados por los gritos desesperados de esa detestable mujer. ¡Cómo odio a esa mujer! sólo ella puede ser capaz de detener nuestro amor, sólo ella puede ser así de insensible ante nuestro profundo romance, sólo ella puede ser tan repugnante para gritar despavorida ante mi presencia. Definitivamente, ella tenía que callarse si yo quisiera disfrutar de esa piel.
Un par de golpes no fueron suficientes para tranquilizar a esa desesperante mujer. Por suerte, vine preparado para todo. Un póco de éter es suficiente para dormirla de nuevo. Para no dejar nada al azar, decidí atarla y amordazarla para prevenir futuras interrupciones. Todo tiene que ser perfecto para mi amada.
Esos gritos seguramente han alertado a algún habitante de esta casa, por lo que debo acelerar el plan, por más que deteste esa idea. Puede que este momento no sea tan romántico como quisiera, pero una vez que la tenga, voy a poder disfrutarla cuantas veces quiera, y no puedo arriesgarme a perderla.
Mientras separo tan preciada piel de semejante monstruosidad de persona, me sigo preguntando como una piel tan hermosa le puede pertencer a una mujer tan detestable.
Etiquetas:
doble sentido,
mau carro,
mutilación,
obsesión,
relato
lunes, 22 de septiembre de 2008
Por amor...
Siento frío, todo está oscuro y el parpadeo de la lámpara me dice a susurros que lo que acabo de hacer probablemente no fue lo mejor...
Hace frío, un frío que cala en mi carne... No es que me falte calor, de hecho no hace tanto frío, pero siento que sale desde mis huesos cómo si mi alma se hubiera congelado por unos instantes y estuviera recuperando su humanidad muy despacio.
Mi respiración es agitada, mi pulso esta apunto de parar mi corazón, la adrenalina me intoxica y mis labios están secos, al punto de agrietarse y empezar a sangrar. Su respiración es breve, pausada, casi nula, se encuentra en un éxtasis funesto.
Nunca creí que un hombre fuera realmente capaz de hacer cualquier cosa por amor, nunca creí que un hombre como yo fuera capaz, nunca. Y es hasta hoy que lo tengo a él entre mis brazos, contra mi cuerpo, que sé que sí puede ocurrir.
Lo que acabo de hacer me imagino que solo se puede hacer por amor, olvidar lo que sos, lo que te enseñaron y toda la mierda que te meten en la cabeza para terminar así como terminé yo, haciendo lo que hice, con las manos sucias, un ojo hinchado y una sonrisa de maníaco tan espantosamente perturbadora.
Puedo sentir su respiración todavía agitada pero quieta, cada vez más tenue y callada. Su cuerpo aún esta caliente, pero se entibia como el bombillo de la lámpara que acaba de apagarse. Mi delirio cede, mi brazo se detiene y lo escucho gruñir algunas ultimas palabras mientras cierra sus ojos. Pensé que ya no podía más que ya todo había acabado.
Lo aparté despacio, con cuidado, pero él sacando fuerzas de la nada intentó retenerme, como sosteniéndose de mis hombros, pero ya simplemente no tenía fuerzas. Sus piernas flaqueaban. Resulté más astuto de lo que pensó y simplemente mi joven fuerza lo venció. Lo dejé ahí tirado y ya no dijo nada...
¡Mierda! En lo único que puedo pensar es en que me estoy quemando por un cigarro, pero ni eso puedo. Entre los venenos del mundo, las mujeres y el tabaco son mis preferidos, aunque en ese momento la sangre de mis labios tenía un sabor tentador. Pero no, tengo que arreglar todo este desorden para que quede como si no hubiera pasado nada. ¡El maldito me embarro todo!
Debo confesar que siento un poco de asco, mi estómago esta revuelto y el sabor a sangre en mis labios no me ayuda a controlar las ganas que tengo de vomitar... Hace como cinco minutos que no lo oigo... todo me huele a óxido, todo lo siento rojo, todo lo veo oscuro.
Algo me moja la cara, siento que escapa primero de mi hinchado ojo derecho y luego sale igual del izquierdo... ¿Por qué lloro?... No lo sé, de felicidad tal vez... pero mis lágrimas siguen sabiendo a sal aunque sean de alegría... Es extraño, todo a mi alrededor me resulta tan repulsivo y pese a eso tengo una sonrisa de satisfacción tan insigne en mi rostro y una mucho mayor en el alma. Si no resultara tan irrespetuoso me le reiría en la cara ¡Diablos debería hacerlo! Pero la humanidad volvió a mi cuerpo con el calor en la sangre, así que ya no puedo hacerlo, no voy a hacerlo, creo que para el pobre hombre ya fue suficiente. Me acabo de quitar un gran peso de encima, me acabo de condenar, pero somos libres por fin, ella y yo.
Ahora sus caderas van a ser solamente mías, este maldito viejo ya no nos va a estorbar... Qué satisfacción fue sentir mi cuchillo desgarrarle el abdomen una vez tras otra, una vez por cada beso que le dio a ella con su asquerosa boca de anciano, con su saliva y su aliento a tabaco añejo. Deshacerme de él a estocadas, embarrando de sangre mi cuerpo, mordiendo mis labios de rabia para asegurarme de que cada puñalada lo hiriera aún más mientras lo aferraba a mi para que no escapara. Sólo saber que ella, después de hacerle yo el amor iba directo a la cama con él me atormentaba. ¡Pero ya no más! ¡Ahora ella es totalmente mía, únicamente mía!
Esta noche, apenas me desocupe de todo este enredo de mierda, la voy a llamar. Con una dulce voz de joven enamorado le diré que somos libres, le confesaré que por su amor soy capaz de todo y que nos libré de sus miedos. Ella será feliz, porque después de lo que hice ella tiene que ser feliz. No nos tendremos que esconder más, ya no hay nadie a quien temerle. Hoy mismo iré a su casa, le haré el amor como un animal saciando sus ganas y las mías, la besaré pensando en que es mía definitivamente, que se la arrebaté por fin a ese maldito viejo. Pero primero arreglare todo aquí, limpiaré la sangre que pringó el escritorio y mi ropa, tiraré en un guindo el cadáver y me desharé del cuchillo, aunque podría quedármelo como un recuerdo. Haré todo pensando sólo en sus labios y hasta buscaré la forma de quitarme este sabor a sangre de la boca...
Hace frío, un frío que cala en mi carne... No es que me falte calor, de hecho no hace tanto frío, pero siento que sale desde mis huesos cómo si mi alma se hubiera congelado por unos instantes y estuviera recuperando su humanidad muy despacio.
Mi respiración es agitada, mi pulso esta apunto de parar mi corazón, la adrenalina me intoxica y mis labios están secos, al punto de agrietarse y empezar a sangrar. Su respiración es breve, pausada, casi nula, se encuentra en un éxtasis funesto.
Nunca creí que un hombre fuera realmente capaz de hacer cualquier cosa por amor, nunca creí que un hombre como yo fuera capaz, nunca. Y es hasta hoy que lo tengo a él entre mis brazos, contra mi cuerpo, que sé que sí puede ocurrir.
Lo que acabo de hacer me imagino que solo se puede hacer por amor, olvidar lo que sos, lo que te enseñaron y toda la mierda que te meten en la cabeza para terminar así como terminé yo, haciendo lo que hice, con las manos sucias, un ojo hinchado y una sonrisa de maníaco tan espantosamente perturbadora.
Puedo sentir su respiración todavía agitada pero quieta, cada vez más tenue y callada. Su cuerpo aún esta caliente, pero se entibia como el bombillo de la lámpara que acaba de apagarse. Mi delirio cede, mi brazo se detiene y lo escucho gruñir algunas ultimas palabras mientras cierra sus ojos. Pensé que ya no podía más que ya todo había acabado.
Lo aparté despacio, con cuidado, pero él sacando fuerzas de la nada intentó retenerme, como sosteniéndose de mis hombros, pero ya simplemente no tenía fuerzas. Sus piernas flaqueaban. Resulté más astuto de lo que pensó y simplemente mi joven fuerza lo venció. Lo dejé ahí tirado y ya no dijo nada...
¡Mierda! En lo único que puedo pensar es en que me estoy quemando por un cigarro, pero ni eso puedo. Entre los venenos del mundo, las mujeres y el tabaco son mis preferidos, aunque en ese momento la sangre de mis labios tenía un sabor tentador. Pero no, tengo que arreglar todo este desorden para que quede como si no hubiera pasado nada. ¡El maldito me embarro todo!
Debo confesar que siento un poco de asco, mi estómago esta revuelto y el sabor a sangre en mis labios no me ayuda a controlar las ganas que tengo de vomitar... Hace como cinco minutos que no lo oigo... todo me huele a óxido, todo lo siento rojo, todo lo veo oscuro.
Algo me moja la cara, siento que escapa primero de mi hinchado ojo derecho y luego sale igual del izquierdo... ¿Por qué lloro?... No lo sé, de felicidad tal vez... pero mis lágrimas siguen sabiendo a sal aunque sean de alegría... Es extraño, todo a mi alrededor me resulta tan repulsivo y pese a eso tengo una sonrisa de satisfacción tan insigne en mi rostro y una mucho mayor en el alma. Si no resultara tan irrespetuoso me le reiría en la cara ¡Diablos debería hacerlo! Pero la humanidad volvió a mi cuerpo con el calor en la sangre, así que ya no puedo hacerlo, no voy a hacerlo, creo que para el pobre hombre ya fue suficiente. Me acabo de quitar un gran peso de encima, me acabo de condenar, pero somos libres por fin, ella y yo.
Ahora sus caderas van a ser solamente mías, este maldito viejo ya no nos va a estorbar... Qué satisfacción fue sentir mi cuchillo desgarrarle el abdomen una vez tras otra, una vez por cada beso que le dio a ella con su asquerosa boca de anciano, con su saliva y su aliento a tabaco añejo. Deshacerme de él a estocadas, embarrando de sangre mi cuerpo, mordiendo mis labios de rabia para asegurarme de que cada puñalada lo hiriera aún más mientras lo aferraba a mi para que no escapara. Sólo saber que ella, después de hacerle yo el amor iba directo a la cama con él me atormentaba. ¡Pero ya no más! ¡Ahora ella es totalmente mía, únicamente mía!
Esta noche, apenas me desocupe de todo este enredo de mierda, la voy a llamar. Con una dulce voz de joven enamorado le diré que somos libres, le confesaré que por su amor soy capaz de todo y que nos libré de sus miedos. Ella será feliz, porque después de lo que hice ella tiene que ser feliz. No nos tendremos que esconder más, ya no hay nadie a quien temerle. Hoy mismo iré a su casa, le haré el amor como un animal saciando sus ganas y las mías, la besaré pensando en que es mía definitivamente, que se la arrebaté por fin a ese maldito viejo. Pero primero arreglare todo aquí, limpiaré la sangre que pringó el escritorio y mi ropa, tiraré en un guindo el cadáver y me desharé del cuchillo, aunque podría quedármelo como un recuerdo. Haré todo pensando sólo en sus labios y hasta buscaré la forma de quitarme este sabor a sangre de la boca...
Ahora vos sos mi mujer.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)