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martes, 13 de julio de 2010

Del Sueño y otros demonios


Es extraño eso de sentirse entre aquí y allá. Estar mediada virtualmente de vos. Cortada por la distancia de sábados relajados en los que recorrías con tu indice mi estomago y decías cosas en un idioma que con costos sé dos palabras.

El misterio de la lengua extrajera y tu francés rupestre que me arrullaba cuando finalmente caíamos dormidos los domingos a media mañana. Como enrollabas las erres al hablar mientras susurrabas en mi oído. Tus brazos encerrándome un poco más de lo usual cuando tenía una pesadilla, despertándome ligeramente, tan solo para que recordara que tan solo era un mal sueño.

Nunca logré realmente poderme dormir sobre tu pecho, pero ese nunca fue realmente un problema. Honestamente, prefería cuando vos me abrazabas y tu barba cosquilleaba ese espacio entre mi cuello y mi hombro. Sotfly.

Hay mañanas de Domingo que estoy en ese estado entre dormida y despierta y estiro mi mano esperando sentir tu brazo sobre mi cintura y al sentir el espacio vacío en mi cama recuerdo que esta no es tu cama, que esto no es invierno, que la luz que se cola en la habitación no es la luz de mediodia colándose entre tus cortinas negras y que estoy del lado incorrecto del mundo.

El sueño, pequeño demonio que nos hace perder nuestro sentido del tiempo y el espacio.

sábado, 23 de mayo de 2009

No me des tregua

Por supuesto que ya sé.
Si no supiera no estaríamos en estas.
El problema es que sé acerca de un lado de vos,
el lado que podría amar,
el lado que me acaricia el rostro como quien no quiere la cosa,
ese vos que me abraza porque sí,
el que se deja de varas y me lo dice directamente
sin arreglos, ni adornos, no excusas.
Ese lado, ese lado tuyo podría ser mi perdición.
Así que no me tengás compasión, no me des tregua, no me dejés amarte. 
Se inesperado y bipolar, que no salga siempre a jugar tu alter ego.
Mándame a callar,
háceme creer que no te importa,
que yo no te importo.
Pelea conmigo por el amor de Dios,
tomame en tus brazos y haceme creer,
y luego ignorame.
No me dejés confiar en vos,
no me dejés creer que tus intenciones son buenas,
no me dejés caer en el cliché de soñar con vos.
Yo no puedo llegar a necesitarte.
No me des tregua.

domingo, 26 de abril de 2009

Te conté?

Te conté?
No. No te conté.
Claro que no te conté.
Si ya no somos educados, ni corteses.
Prentendemos que no existimos el uno para el otro.
Es decisión tuya, y no mía. 
Así que yo no te conté.
No te conté.
No te conté que ya no importa.
Que podés dejarte tus ojitos de ruegos,
tu obsesión con las cejas me resbala,
y tu cabello no es tan perfecto.
Porque la verdad es que todo se acabo
hace ya muchas lunas atrás,
porque si te amara, si realmente te amara,
no me hubiera ido tan feliz y campante
ese lunes por la mañana.
Todo esto, la verdad, se acabo,
en la ciudad que nunca duerme,
en ese grupo de minutos en que ninguno,
ni vos, ni yo, ni nuestras almas atormentadas,
estuvieron en el mismo lugar al mismo tiempo.
Si te ame, ya no es relevante, 
(aunque todavía me pregunto si
realmente me quisiste vos a mí)
porque nunca te amé tanto
tanto para contarte que te amé.
Te conté?

lunes, 30 de junio de 2008

Sus manos recorrieron su cuerpo. No pensaba, solo hacía. Todo era instintivo, cada curva recorrida intensificaba su placer. Cada pedazo de su ser temblaba de alegría, confusión, temor, placer y duda. Qué tocar? Cómo tocar?
Las respuestas le eran indiferentes. Disfrutaría del momento y dejería de pensar. Admiraría aquel cuerpo con cada uno de sus sentidos, con cada onza de su ser hasta perder la cordura de ser necesario. Su pasión crecía y conforme lo hacía, sus dudas se hacían menores. El disfrutaba de cada movimiento realizado. Cada contorsión, cada jadeo significaban un segundo más de satisfación.
Su deleite aumentaba. Nunca en su vida había sentido algo tan gratificante. Sabía que pronto terminaría. Mordió suavemente la oreja del cuerpo caliente bajo el suyo mientras disfrutaba de los ultimos momentos del encuentro.
Se hizo a un lado de la cama y respiro profundamente todavía jadeando. Su felicidad no podía ser mayor, hasta que notó que el caliente cuerpo a su lado se levantaba de la cama. Boquiabierto la vio levantarse de la cama, ponerse su ropa y dirigirse a la puerta. Titubeante le dijo
tu numero?
Ella lo miro con una mirada burlona y señalo su todavía sudoroso cuerpo
esto? olvídalo. Nunca lo volverás a ver.


Se asusta hasta con su propia sombra
no hay valor alguno en su corazón
su imagen en el espejo es su peor enemigo
huye de cualquier sentimiento de amor
ternura, afecto o intimidad
no de los encuentros que puedan llevar a estos
pero del sentimiento en sí
no tiene fe en la raza humana
y la fe en sí misma nunca la conoció
Solo conoce el dolor
y es lo unico que sabe dar
al principio te engaña
parece ingenua y bien intencionada
pero realmente ese rato de pasión
no durará más que unos instantes
antes de que obsesión con el dolor
supere al placer pasajero