viernes, 30 de enero de 2009
Cosquillas
-Quite quite, que me da cosquillas
-Si inventa!!- contestó él riéndose
-Que sí!!, usted me da cosquillas, como acá, (se tocó el cuello en la parte de atrás) en la nuca
-Jajaja naa que vershh, ni cerca suyo estoy
-Ya sé! por eso es raro!! usted me da cosquillas en la nuca- dijo ella- vea es como cuando a uno le tocan el cuello- tocó suavemente la nunca de él, quien se estremeció al instante- Ve!!, da como risa y escalofríos- terminó alejandose y apoyándose en la baranda.
Él se acercó a la espalda de ella, a la baranda también para ver hacia afuera, la gente de abajo. Mas cosquillas. Ella se crispó y se rió. Se dió la vuelta, de frente a él, con la espalda contra el avismo, con el viento despeinándola.
-Me da cosquillas!!!!!
Él la miró a los ojos, se acercó para besarla. Ella entre risitas se dobló más hacia atrás para no dejarlo, con la espalda apoyada contra el viento que subía desde el piso de abajo. Él no dijo nada, se acercó más, apoyó los brazos sobre la baranda a cada lado de ella, inmovilizándola, y empezó a besarla.
Las cosquillas se intensificaron, escalofríos que subían pos su columna, chispazos que alteraban el ritmo de su corazón... pero esta vez no dijo nada, se quedó buen rato sintiendo hasta que se acostumbró al asunto, y sospechó que la electricidad debe ser adictiva.
viernes, 26 de diciembre de 2008
Ganas de qué?
Tener vacaciones de mi misma con vos.
Reírme de mis miedos hasta que me duela el estómago
Retorcerme hasta que me duela la espalda
Ver esa loca película toda la noche, una y otra vez.
Besar cada demonio que querás exorcizar
Que me mirés a los ojos mientras logre mantenerlos abiertos
Cambiar esas malditas lágrimas por esas benditas
Frotarse hasta desgastarse
Morderte hasta saciarme
Soñar con vos, despiertos los dos
Dormir sólo cuando sea inevitable
De eso tengo ganas
domingo, 26 de octubre de 2008
Licor
y me embriagué de ti
y cuando llegue a mi casa
al escondite de mi alcoba
donde suelo esconderme del mundo
lo único que hice esa noche
fue soñar contigo
Y en la resaca del día siguiente
no hubo pastilla que me quitara
la urgencia de volver a verte
y la necesidad de beber de nuevo
del licor de tus labios
que sólo con ellos me arranco esta resaca del diablo
que aprieta mi pecho casi tanto
como aprieta mi alma
martes, 30 de septiembre de 2008
Entre la culpa y el amor
Las siete de la mañana, el momento en el que durante tanto tiempo la enfermera llegaba religiosamente a bañarme...
Ese accidente se dio en un día como cualquier otro. En el cual habíamos decidido ir a la playa, mis amigos y yo. Como el camino era largo, nos turnábamos para manejar. Fue a mí al que le tocó la última parte del viaje. Cuando por esas cosas de la vida que uno no comprende, vi el furgón justo delante de mí. El tiempo me dio apenas para intentar esquivarlo y lo logré derrapé un poco, pero el carro hizo un giro extraño, por el agua que todavía quedaba en la carretera de la lluvia que había pasado unos momentos antes. Así, no pude reaccionar a tiempo, y fuimos a dar al guindo que estaba al fondo de esa curva.
Sólo yo, perdón, sólo él y yo logramos sobrevivir. Observé hacia la derecha y ahí estaba mirándome, de pie. Ese día milagrosamente él logró salir casi ileso del accidente. Desde entonces aparte de mis padres, es la única persona que me visita. Claro los padres de mis amigos, nos culpan por la muerte de ellos, y yo en mi interior también me culpo por su muerte; pero no sé, si es peor quedar viviendo con la conciencia cargada de culpabilidad.
Pero él, él no me culpa, pasaba el día esperando que despertara para traerme ese vaso con agua que por la culpa de mi pulmón perforado, no puedo alcanzar yo mismo. O ese periódico que está en la entrada de cuidados intensivos. Esas pequeñas cosas que un enfermo no puede hacer, eso lo hacía él por mí.
Amigos y confidentes desde la infancia, eso habíamos sido Tony y yo. Pero en esos momentos ya no podía definir que éramos. Sencillamente mi vida sin él ya no la podía visualizar, sus atenciones, preocupación por mi salud, su alegría al hablar conmigo, y la forma como me miraba a los ojos. Eso no era de un simple amigo.
Una vez que salí del hospital, tras largos meses de espera, decidimos que era hora de independizarnos y empezar una nueva vida, lejos de esa gente que nos culpaba por haber sobrevivido.
Así empezamos nuestra vida juntos, seguimos nuestras vidas normales, pude conseguir una nueva con la cual no duré más que un escaso mes, mes en el cual no logré sentirme feliz en absoluto.
Pero la vida seguía y los dos lo sabíamos, hasta que un día, de repente todo cambio de nuevo. Sentí un dolor inmenso, que me penetraba el alma. Un dolor como ninguno que haya sentido antes. Quise gritar pero las palabras no lograban salir de mi garganta. Quise salir de la ducha y tratar de buscar auxilio. Pero las fuerzas abandonaron mi cuerpo. Lo último que recuerdo fue sentirme caer hacia el piso del baño, sentir como el agua recorría mis muslos y mi cuerpo… Y pensar en él.
Cuando abrí los ojos ahí estaba Tony, con sus ojos bañados en lágrimas y desesperado, tratando de hacer que yo recuperará la sensatez. Me bastó ver su preocupación, para que el dolor que me había atacado anteriormente, se alejara de mí.
Me incorporé poco a poco, él con su pelo negro mojado y sus pupilas impregnadas en lágrimas de preocupación. Algo se movió dentro de mí, algo que no sé cómo llamarlo, pero lo abrace también llorando y sin planearlo ni darnos cuenta de cómo sucedió, nos besamos, suave y silenciosamente.
Me secó con una toalla, y me llevó a la cama a descansar, se tumbó a mi lado. Mientras me besaba me dijo: “Te amo” y yo le respondí: “Yo también te amo”.
Así poco a poco nos quedamos dormidos, sabiendo que al despertar iba a empezar una vida totalmente diferente a la que llevábamos, pero al tanto de que la felicidad por fin había llegado a nuestras almas.
miércoles, 3 de septiembre de 2008
Lo que nos hace falta
Pero hoy, por fin estábamos solos, presionaste con fuerza mi cuerpo entre la pared y tú, mientras me besabas “de verdad”.
El cuello, adoro sentir tus labios en mi cuello, el olor de tu pelo…
Tus manos, suaves, rápidas, lentas… para este momento ya tengo mucho calor, la ropa me estorba, mis labios están muy rojos y tengo sed. Me encanta el sabor de tu boca, sobre todo cuando tengo sed.
La pared se vuelve pequeña e incómoda, de alguna forma terminamos en el suelo. El tiempo no camina, pero todo va tan rápido…
Tu mirada, los ojos entrecerrados, esa sonrisilla… humm… sí, me gusta, me gustás mucho…
Ya no hay ropa que me estorbe, me la arrebataste sin que me diera cuenta.
También me gustan tus manos, son suaves, no me hacen daño, bueno sólo a veces, pero en este momento siento tantas cosas que esos pequeños pinchazos de dolor ni se sienten… me gustan tus manos, y tus dedos, me gusta como me tocás.
Me gusta, se siente tan bien...pero ya no tanto… no sé, de repente el vernos así, no tiene tanto sentido, ya sé, se supone que uno no piensa, por lo menos no en esta situación, y no es que no tenga ganas, simplemente al verte encima mío, te quiero apartar, quita, quita…
…No sé… a lo mejor lo que hace falta entre nosotros no es el sexo.
¿Cuestión de edad?
Nos besábamos intensamente, y yo sentía que mi corazón se iba a salir de mi pecho, después de años de observarle, de sonreírle y saludarle; por fin podía sentir sus carnosos labios contra los míos.
Mi ojos querían llorar de la felicidad no lograba concebir que fuera verdad lo que estaba viviendo, en mi propi cuarto como siempre lo había fantaseado, con las esencias de aromas que decoraban cada rincón de mi habitación. Su vientre sobre el mío, nuestros ojos conectados como si pudiésemos ver a través de nuestras almas.
Note su sonrisa pícara, esa sonrisa que me hizo enamorarme desde el principio, por supuesto ya sabía que yo que debía tener mucha más experiencia en cuestiones del amor y sus aventuras. Pero en ese momento no me importaba mucho ¿o si?
Yo apenas estaba estudiando, y mientras veía su ropa por el piso no podía dejar de pensar que venía del trabajo. Notó mi momentánea duda y con suavidad me volteo nuevamente hacia su rostro y me miro fijamente con esos ojos color café que hacían estremecer cada uno de mis poros, y me preguntó.
¿Te estás arrepintiendo de lo que hacemos?
De inmediato le dije que no, y deslice mis dedos por su cabello mientras podía ver pequeños y delgados cabellos blancos dispersos por todo lado.
Baje mis manos por su espalda sentí su piel bien cuidada, sin rastros de impurezas, sentía el calor de su piel, su aroma, su respiración y mi corazón seguía latiendo a mil por hora.
Sabía que eso había sido amor a primera vista, pero la duda me comía.
¿Más de quince años es mucho o no?
En realidad estaba buscando alguna excusa para no hacer lo que estaba haciendo. Cerré los ojos mientras sentía su presencia. En realidad su edad no me importaba.
Volví a mirar su ropa en el suelo, vi su enagua, sus prendas íntimas, su blusa. La volteé a ver nuevamente y la besé.
No definitivamente su edad no me importaba. Mire hacia donde estaba mi ropa y pude contemplar mi propia enagua, mis medias, mis zapatos, y el resto de mi ropa.
No, definitivamente no era su edad la que me hacia dudar.
martes, 2 de septiembre de 2008
frío
A quién le interesa el frío? Podría arder todo el edificio en llamas, caerse por culpa de un terremoto que realmente no me importaría con tal de seguir atrapada entre tus brazos. Supongo que no se esta realmente atrapado si es una decisión, pero si pudiera escoger, me quedaría atrapada por el resto de mi vida en este preciso instante.
Hay algo increíble acerca de tus brazos, podrás quejarte todo lo que querás acerca de ellos, pero solo tenerlos a mi alrededor me hace bailar por todas las nubes del cielo. Si tan solo supieras cuan genial se siente tenerte junto a mí: los episodios de ansiedad de saber que te voy a ver, el sentimiento de vacío en el estomago, la felicidad eufórica que aflora.
Tan solo saber que voy a estar contigo me pone un sonrisa tonta sin sentido. Cada encuentro es como una bocanada de aire fresco, una fantasía hecha realidad, un hecho que todavía no logro explicar. Cada beso algo nuevo, cada caricia algo inesperado. Tus manos provocan momentáneos clicks eléctricos mientras recorres mi cintura.
Mis rodillas tiemblan mientras tocas lentamente mis labios con los tuyos y me atrapas entre tus brazos.
miércoles, 27 de agosto de 2008
Ella y Él (Parte 2)
Ella
Cerré la puerta y pude escuchar como se alejaba silbando... No lo podía creer, ese beso me había dejado pensando más de lo que debía...
La lluvia que caía era brutal, me sentía abrumada. Llegamos por fin a mi casa, nos bajamos del taxi y nos quedamos en el corredor. Él me miraba con una ternura de niño que no podía pasar inadvertida ni por la mujer más insensible del mundo. Me sentí un poco mal por él, por lo que podría pensar. Esa noche me había comportado como una idiota, fui caprichosa y hasta caí en lo insoportable por un momento. Pero el me conocía y sabía que por esos días mi humor no andaba en su mejor momento.
El y yo nos hicimos amigos casi desde que nos conocimos. Es el único hombre que me ha demostrado afecto de verdad. Él es tan lindo, tan diferente a los demás. Hasta llegué a pensar que era gay, porque un hombre tan tierno no podía ser realmente heterosexual. Es que todos los hombres son una basura, se sienten superiores a nosotras y piensan que estamos ahí para servir a sus deseos. Pero él no.
De repente se acercó a mi, yo no sabía que hacer, me quedé quieta. Él me miraba directamente a los ojos. Yo le correspondía con una mirada de ruego ahogado, no quería que lo hiciera, pero es que él es tan diferente y ha sido tan lindo conmigo. Me besó, yo podía sentir todo el amor con el que movía los labios... bueno... hasta que se le ocurrió usar la lengua, no tenía idea de qué hacer con ella y me la refregó como buscando quien sabe qué cosa en mi boca. Sin duda no tenía mucha práctica, pero fue un beso sincero, lindo y tierno como él.
Por un segundo sentí que podía amarlo, que él era el indicado para mi, que si me espero todos estos años yo podía sacrificarme a él, a acompañarlo y ser suya. Pero fue solo por un segundo. Justo cuado empecé a pensar en amor otra cara cruzó por mi mente... ahí fue cuando caí en cuenta de lo que estaba haciendo, su aliento me empezó a repugnar, su saliva me intoxicaba, no quería que siguiera. Lo que había pasado no era lo que esperaba, definitivamente no debió ocurrir jamás. Me separe de su cuerpo.
No quería que me mirará más, sus ojos me quemaban. Él era tan lindo que su mirada de príncipe me hacía sentir culpable ¿Por qué un clavo no puede sacar otro clavo? ¿Por qué no pude olvidar lo que una vez sentí por otro solo con probar su boca, su amor? Me dijo que lo había pasado muy bien, que le gustaría que saliéramos de nuevo, yo le dije que lo llamaría...
Subí hasta mi cuarto y me tiré a la cama, no se por qué, pero no podía dejar de llorar. Me sentía mal por lo que acababa de permitir que pasará, por tener que romper su corazón la próxima vez que me llamara preocupado porque yo no lo le había marcado antes. Lloraba por ese otro amor que me hizo daño y que mi corazón masoquista no olvida. Lloraba por mi, por sentir como me estoy sintiendo, por vivir lo que vivo y por amar como amo...
lunes, 25 de agosto de 2008
Ella y Él (Parte 1)
Él
Salí de ese corredor con la sonrisa más grande que se puedan imaginar. Mi cabeza volaba. Sentía que mis labios me quemaban de gusto. Atravesé la ciudad como el hombre más feliz del mundo entero. Primero silbé un poco mientras caminaba, pero mi dicha era tanta que me lancé a corear al mejor estilo de Broadway. Ni la lluvia era capaz de arruinarme el momento y ahí estaba yo, cantando bajo la lluvia...
You'd be like heaven to touch, I wanna hold you so muuuuch…”
La gente me veía como si estuviera loco, pero a mi no me importaba. Yo solo quería gritar que la amo, que la he amado desde siempre y que esta noche por fin probé sus labios. Fue justo como lo soñé: una noche fresca, la luna iluminándoos, ella con su vestido rojo y su mirada perdida, yo con mi deseo y mis sueños a flor de piel. La miré y ella me miró, me acerqué y ella se acercó, abrí mis labios y ella los recibió gustosa.
Desde que la vi aquella tarde cuando llegaba al colegio, descubrí que mi corazón era solo suyo. Esperé paciente todos estos años añorando el momento correcto para mover mis fichas, jugando el papel de amigo, de confidente. Esperé a que se cansara de él, yo sabía que tarde o temprano no querría seguir soportando sus desplantes de macho y esos besos que le daba mientras la manoseaba de forma indecente.
Yo sé que a los hombres se nos prohíbe sentir, pero la conozco y ella quiere alguien tierno que la trate como su princesa y no me importa lo que piensen los demás, yo seré para ella ese príncipe azul que tanto ha buscado.
Nos separamos, fue el beso más dulce de mi vida... bueno... fue mi primer beso... guardado especialmente en mi boca para ella. La miré con dulzura y me sonrió. Ya era tarde. Le dije que lo había pasado muy bien que me encantaría salir de nuevo y ella prometió que me llamaría.
Dejó de llover justo cuando llegué a mi casa, estaba empapado pero no sentía nada más que sus labios sobre los míos. Entré y me fui directo a mi cuarto, tenía un sonrisa y una cara de imbécil que con nada me podía quitar. Me cambié y me tiré en la cama. Solo podía pensar en ella, en lo bella que es, en lo bien que besa y en cuanto la ama mi corazón y mi alma...
viernes, 15 de agosto de 2008
Estaba decidida
Se lo había prometido así misma, pero en su interior sabía que no podría hacerlo...
Es que es tan delicioso pensar en esa mirada, justo antes de que él le diera un beso, esa media sonrisa y los ojos brillantes en una convinación exquisita entre deseo y talvez cariño, porque ella sabía, amor no era, nunca sería.
El tiempo se llevó la esperanza de encontrar en esos labios amor, y ella se prometía una y otra vez que debía terminar, pero es que simplemente no podía... no podía... ¿Por qué?
Había dejado de llorar, y ya lo estaba esperando en la noche fría, decidida a acabar algo que no había empezado, pero sabía que como todas las otras veces que se había decidido, no lograría articular palabra, hablaría con él cosas irrelevantes y luego esperaría el momento en que él la besara, para ver esa mirada otra vez, para esconderse en sus brazos, para engañarse así misma, pensando que talvez en el fondo de ese beso había cariño o tan siquiera aprecio hacia ella, porque amor no, eso no existía en este pequeño mundo donde estaban los dos, nunca escucharía un te quiero, menos un te amo, sin importar cuanto tiempo pasara, cuantos besos regalara, él nunca diría esas palabras, ¿Podía vivir con eso?... mientras el la besara así... sí.
Mientras siguiera probando de la suavidad de sus labios, del sabor de su boca, de su olor, de la sensación de su mano en su cintura, o bajando por su espalda, acariciando su rostro, mientras siguiera viendo esa mirada justo en el momento preciso en que él decidía darle un beso...
Pero esos momentos ¿cuánto duraban? parecían segundos y luego él se marchaba, y ella sabía que no pensaría en ella, que jamás escucharía un quédate con migo, un te quiero... ¿Podía vivir con eso? ¿Podía seguir así?
Ya había dejado de llorar, y estaba esperando sentada, cuando lo vió acercarse con ése aire distraído.
miércoles, 6 de agosto de 2008
Lágrimas
Un cuerpo se asomaba por la ventana de aquel balcón. Hacía frío, mucho más que los otros días, pero ahí estaba, de pie junto a la luna fresca de octubre. Ante el silencio que prosiguió a sus palabras, se volteó con una dulce mirada inquisidora sólo para comprobar que ahí estaba ella, apacible y serena entre el edredón que la abuela había traído para las noches álgidas.
La contempló por un buen rato. Repasó su cuerpo de sirena alada, su cara de niña pequeña. Reparó con detalle en esos labios carnosos a través de los cuales brotaba esa mujer que tanto le sorprendía. Esa diosa dormida que jugueteaba en su mirada y que esa noche brotó de su boca.
Había llegado tarde. Justo cuando la ciudad empezaba a bostezar ella tocó la puerta rompiendo el silencio que había en el interior del departamento. Tras abrir la cerradura descubrió un cuerpo temblando entre lágrimas de espeso dolor. No le dio tiempo de preguntar que pasaba, ella simplemente saltó a su cuerpo y dejó salir su desesperación. La sintió llorar como nunca antes. Su corazón era una bolsita de papel arrugada que latía débilmente en su pecho. Sin saber el porqué también se entristeció, tan solo verla así le bastaba.
Acarició su mojado rostro y enjugó el brote de sus ojos. Una breve sonrisa se esbozó de repente y un poco de consuelo brilló en su mirada. Sintió el deseo de protegerla, de demostrarle que sus brazos eran capaces de darle seguridad. La abrazó, fue un abrazo largo, sincero. Quiso expresar todo su apoyo, su amistad, su amor.
Dos corazones latiendo juntos en una noche fría, una noche de octubre. Después de ese abrazo, notó el rubor en sus mejillas y como tímidamente ella bajaba un poco su cara. Con su mano derecha levantó suavemente su barbilla y la vio directo a los ojos. Con solo una mirada le indicó lo que pasaría. Acercó su rostro hasta el de ella, acercó sus labios a los suyos. Un rayito de electricidad brilló en la oscuridad.
Fue el beso más largo y más tierno de su vida. Esa inocencia, esa tristeza, esas ganas, ese amor. La noche se llenó de luz. Era tarde, la ciudad dormía. Con un gesto cortés le ofreció su casa y sus brazos para dormir esa noche. Hacía frío y sus cuerpos serían la mejor fuente de calor. Abrazándola susurró palabras de amor a su oído y la cuidó hasta que cayó rendida ante el embrujo de Morfeo. Llorar la había agotado.
No podía dormir. Se levantó y caminó hasta la ventana, un embrujo hechicero llamaba su cuerpo. Era la luna más bella que había visto en su vida, pocas veces había presenciado tal hermosura.
Ante el silencio que prosiguió a sus palabras, se volteó con una dulce mirada inquisidora sólo para comprobar que ahí estaba ella, apacible y serena entre el edredón que la abuela había traído para las noches álgidas.
Después de verla así, tan frágil, tan bella, la luna había perdido su gracia. Su atención se prendió de ella, de su amada. ¿Cómo confesarle que ya no podría consolarla más? ¿Cómo podría explicarle que hay fuerzas imbatibles que separarían su amor? Un dolor oprimió su pecho, le faltó el aliento, sabía que ese maldito cáncer no le daría mucho tiempo, su cuerpo estaría en estado deplorable, su llama se extinguiría pronto. Una lágrima bajo por su mejilla. Él era quien lloraba ahora...
sábado, 19 de julio de 2008
Amor de canela
hoy más que nunca
con todo mi ser y mi alma...
lunes, 30 de junio de 2008
Venganza
Sabía, también que el no lo dejaría pasar, no lo iba a olvidar... Se la iba a cobrar.
-Da igual, ni que tuviera miedo- Se dijo a si misma, pero sí estaba asustada, y a la vez sentía en una excitación creciente...
-Esto me lo vas apagar- había dicho él
-jajaja... si claro- le había contestado ella, pero esa mirada le dijo que hablaba muy en serio
No lo vio desde entonces, hablaron poco por teléfono, y ella sabía que era su culpa, porque era ella quien jugaba, quien interpretaba el papel de la audaz, de interesante, porque le gustaba incitarlo, porque sentía que de esa manera tenía un extraño poder femenino sobre él. Pero todo era mentira, ella nunca había besado, nunca había permitido que nadie se acercara lo suficiente, tenía miedo.
Y ahora, algo le decía que había llegado demasiado lejos, esta vez no escaparía, no de él... tenía miedo, y a la vez deseaba...
Ya se iba, pero su celular sonó exaltándola
-¿Donde estás?
-Ya me voy
-¿Dónde?
Ella dudó si contestar, pero las palabras salieron de su boca casi en contra de su voluntad
-Ya voy, espera- Dijo él, y cortó
Miedo/deseo/miedo/deseo, -me voy- pensaba, pero sus pies simplemente no se movían, y la excitación crecía, miraba a su alrededor, a la oscura y fría noche, los postes alumbraban mediocremente la calle con una luz anaranjada, ni un alma caminaba sobre el suelo mojado por la lluvia, sólo ella estaba ahí, inmóvil junto a ese muro, se cansó de luchar contra sus pies que se negaban a moverse, y observó alrededor… Miedo/deseo/miedo/deseo, y ¿Ahora qué?, ¿que le iba a decir? ¿Podría acaso comportarse como siempre? ¿O se caería su estúpida máscara? ¿Podría tan siquiera mirarlo a los ojos?
Lo vio acercarse, una figura a lo lejos caminaba con paso firme y seguro, su corazón se aceleró dramáticamente, tragó en seco…
-Hola
-Hola… pero ya me voy
-No te puedes ir, aún no- dijo él amablemente, ella no pudo mantener la vista en sus ojos ni dos segundos más, miró su bolso y lo colocó sobre su hombro.
-Lo siento, ya es tarde- se volvió y caminó dos pasos hasta que el la tomo del brazo
-No te puedes ir todavía
-Suéltame!! ¿Que te crees?!- respondió ella soltándose bruscamente- No eres nadie para decirme que hacer o no, No significas nada para mi- agregó, lo estaba haciendo, mantenía su papel, y hasta se atrevió a mirarlo.
-Mentirosa!!- la volvió a sujetar de los dos brazos con fuerza- No mientas más, solo eres una niña consentida.
-Que me dejes!!- Gritó y trató de soltarse, pero él no lo permitió, luchó con fuerza. Y
él la empujó contra el muro.
-No!- le dijo firmemente- No te pienso dejar ir, hoy no-
Ella lo miró asustada, la máscara desapareció completamente, respiraba fuertemente, tenía miedo mucho miedo, y un nudo en la garganta. Él estaba demasiado cerca, casi podía sentir el aire proveniente de sus exhalaciones también aceleradas, luchaba pero no podía moverse, el sujetaba sus manos con fuerza contra el muro, arriba de su cabeza…
-Suéltame, por favor- Suplicó casi susurrando
-No- repitió él sosteniendo sus manos con fuerza- Es demasiado tarde, quieras o no, voy a hacer lo que siento- La miró firmemente, no había odio en su mirada, ni siquiera rencor o maldad, ¿qué había?, ¿deseo?.... o ¿Amor?... Ella lo miró también, su corazón palpitaba con una fuerza anormal, respiraba con mucha dificultad, el la seguía mirando, aún sujetando sus manos sobre su cabeza se acercó todavía más, a sus labios… y la besó suavemente, con ternura, como si tuviera miedo de herirla.
Ella no pudo reconocer lo que sentía, pero sabía que no quería que terminara, cerró los ojos, se dejó llevar, él era cálido, amable, suave, lento. Ella nunca había probado nada parecido, lo siguió, disfrutando de su sabor, de su lengua, de sus labios… El frío desapareció rápidamente de su cuerpo y alma, dejó de hacer fuerza, y él soltó sus manos despacio mientras la seguía besando. Ella se aferró a su cuello, mientras sentía que las sensaciones la volvían loca, poco a poco el beso se volvió más apasionado… se acercaron más, él la abrazó con fuerza, acercando sus cuerpos. Y de repente el nudo en su garganta estalló y miles de lágrimas bajaron por sus mejillas, lloraba mientras sentía… hasta que él bebió de ése sabor salado, se separó lentamente, le sonrío y limpió las lágrimas con sus dedos…
Ella lo abrazó con desesperación y aún llorando le suplicó al oído:
-Nunca te vayas
-No lo haré- le respondió sin soltarla
viernes, 27 de junio de 2008
El susurro
Una sonrisa, un "mira esto", pero nada más. Ella sólo pensaba en sus manos, fugazmente dejaba aparecer en su mente la idea de las sensaciones que podrían despertar en ella el roce de sus dedos, pero él seguía caminando, a veces atrás, a veces adelante, a veces a su lado.
Otra sonrisa, ella pensaba ahora en sus labios, ojala desapareciera el mundo por un rato, para poder probarlos a gusto sin remordimientos o apuros, para poder saborear su lengua, su saliva, ojala pudieran encontrar un lugar secreto donde esconderse de la gente y el tiempo.
Seguían caminando por acá, por allá, "Mira" dijo ella señalando un objeto sin importancia, dejando que su cuerpo se detuviese delicadamente. Él, que venía detrás choca suavemente contra su espalda, un chispazo eléctrico la recorre por dos segundos, y hace como que pone atención a lo que él le cuenta, pero ella sólo imagina sus brazos rodeándola, acercándola lo mas posible a él.
Cruzan frases amistosamente, él ríe, ella también, y siguen avanzando y obserbando mientras sus pies sienten cada vez más el aumento del cansancio, y del deseo en el corazón de ella.
Él busca enseñarle las maravillas del lugar, ella está maravillada con tan grandioso día, en el que él está para ella, sólo para ella. Él busca llamar su atención tomándola del brazo o tocando su espalda por dos segundos, pero cada vez que él la toca una descarga la recorre, ella maldice no poder demostrar lo que siente.
Ella se detiene a ver algo que le llamó la atención lo examina al detalle, por un momento se olvida de él, mientras ve con detenimiento el estante, el se acerca silenciosamente por detrás, se coloca por encima de su hombro, al lado de su rostro, para observar lo que ella observa, el corazón de ella se acelara desesperadamente, pero se queda inmóvil sin perder de vista el estante, como si no le importara que él repentinamente decidiera acercarse tanto, él nunca lo hace. Como si quisiera torturarla, el baja por un instante su nariz y labios hacia el hombro de ella, ¿Es acaso un pseudo-beso?, ¿acaso es un gesto cariñoso?, mil sensaciones recorren su cuerpo, y el doble de pensamientos su mente, no puede evitar cerrar los ojos, por ésa milésima de segundo el sube por su cuello y se endereza para comentar hacerca de lo que ella observa... Ella se martiriza ¿En realidad esto pasó, o habrá sido un invento de mi mente?, le sonríe amablemente a él y continúa la conversación...
... Pero sus pensamientos vuelven a esa fantasía donde él se acerca sigilosamente por la espalda, la rodea con sus brazos, y le susurra suavemente al oído "Te deseo"
jueves, 26 de junio de 2008
Sangre, Ámbar y Yo
Entre esas antiguas sábanas blancas, en ese momento no tan blancas. Mientras me volteaba a ver con una sonrisa macabra en su mirada.
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Desnuda y a la vez cubierta. Debía tener alrededor de unos 35 años, blanca, delgada, cabello oscuro y de un porte real, que en ese momento le confería un aire de princesa nocturna sobre las blancas sábanas.
Noté como sus piernas relucían sedosas al reflejar la luna de esa noche fría. Vi sus muslos y su entrepierna. Los primeros bien formados y ejercitados con el punto perfecto entre esbeltez y fuerza. Lo segundo fue lo que más me excito, un cáliz dispuesto a recibir todos mis encantos y masculinidad.
Sus pechos me seducían como seduce lo dulce a las hormigas. Veía como se mantenían firmes cuando ella hablaba, no muy grandes y no muy pequeños. Sólo del tamaño perfecto para poderlos acariciar entre mis manos.
Me le acerqué desnudándome nerviosamente poco a poco, pero sabiéndola seducir con mi físico bien esculpido, y viéndola directamente a sus ojos verdes, obligándola que a su vez ella viera mis ojos negros.
Vi como posaba su atenta mirada cuando me despoje de mi ropa más íntima, y pude notar su divertida mirada de travesura.
No lo pensé dos veces, si ella me seducía, yo iba a aceptar la seducción. Y me pose sobre ella acariciándola con el dorso de mis manos, de una forma casi más amorosa, que apasionada. Fui recorriendo su cuerpo, sentí su cabello negro y largo entre mis dedos, sentí su cara suave y tersa, seguí con su cuello hasta llegar a sus senos, ahí me detuve un breve momento mientras la oía gozar de la experiencia. Iba a seguir bajando cuando me poseyeron unas ganas inmensas de saborear su piel además de sentirla.
Decidí que comenzaría con sus manos, pero justo en el momento en que pose su dedo índice en mis labios sentí un sabor a óxido o mejor dicho a hierro. Entonces le preste más atención a sus manos y lo que descubrí casi me deja sin aliento.
Sus largas uñas estaban llenas de sangre, pero también lo estaban sus manos. Di un salto y me aparté rápidamente de ella, pero no lo suficiente para detener el beso que ella me dio en el cuello. En ese momento lo sentí, había estado tan excitado oyéndola gemir, que no note que sus uñas arañaban y rasgaban de forma delicada la piel de mi espalda. Lo extraño de la situación me lleno de un ardiente deseo renovado por tomarla ahí mismo, tal vez fuera por el fetiche de ver la sangre o sencillamente que no podía resistir esos ojos verdes.
Me acomodé y nos unimos entre gemidos de placer y suaves gritos de dolor. Ella fue mía y yo de ella en ese momento, moviéndonos como uno sólo, y notando la sangre que ahora también bajaba de mi pecho y que bajaba justo a su entrepierna, lo cual me aumentaba radicalmente el placer, viendo mi líquido vital en su zona más íntima, y pintando mi hombría de color escarlata.
Aumentamos la velocidad hasta acercarnos poco a poco al frenético orgasmo que deseábamos. Y justo en ese momento, cuando yo sentía ya dentro mío una explosión de estrellas, que me besó como una fiera en la boca. Esto me hizo sentir el éxtasis más grande que en mi vida había sentido, quede teñido por la sangre, cansado por el esfuerzo, débil por el orgasmo; y justo hasta ese momento note que también quede muerto ya que de mis heridas no brotaba más sangre, toda la tenía ella entre sus piernas, entre sus labios, sobre su cara, en sus pechos, y hasta en las sábanas blancas donde estaba muriendo.
La observé por última vez y la vi riendo.
Entre esas antiguas sábanas blancas, en ese momento no tan blancas. Mientras me volteaba a ver con una sonrisa macabra en su mirada.
Justo en ese momento me dijo mi nombre es Ámbar ...
El resto no lo pude oír sólo cerré por última vez mis ojos, y me trasladé a quien sabe que otra dimensión lejana.
martes, 24 de junio de 2008
Los besos también se marchitan
Y todo era perfecto en ese delicioso suplicio, esperando, deseando...
Pero él no llegó, y el deseo dejó de ser delicioso y supo amargo y después salado.
Y ese beso en sus labios se marchitó poco a poco, envenenando su alma, agonizaba en su boca, dejó que la sal empapara su rostro a escondidas, en lo oscuro, donde nadie pudiera ver sus labios secos, sus besos marchitos, sus deseos lejos.
Lo que él nunca supo es que ese beso que le pertenecía, que era sólo para él, que era único irrepetible e inmenso, no volverá, porque ha muerto, poco a poco se marchitó, y nada puede hacer para recuperarlo.

Justo sobre el labio
Ese ir y venir de tu calido aliento
Tan solo tu calmada respiración.
y nuestros rostros se acercan
lentamente
Nuestras narices se rozan
tu respiracion calmada y tranquila
rozando mi rostro
justo sobre mi labio.
Juraría que el tiempo se detiene
todo se detiene,
cuando tu respiración roza mi labio.
Mi labio tiembla
justo antes de ese momento certero
de tu beso desgarrador
mientras tu respiracion roza mi labio.