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viernes, 26 de diciembre de 2008

Ganas de qué?

Lamernos las labios, beberme la sal de tu pecho.
Tener vacaciones de mi misma con vos.
Reírme de mis miedos hasta que me duela el estómago
Retorcerme hasta que me duela la espalda
Ver esa loca película toda la noche, una y otra vez.
Besar cada demonio que querás exorcizar
Que me mirés a los ojos mientras logre mantenerlos abiertos
Cambiar esas malditas lágrimas por esas benditas
Frotarse hasta desgastarse
Morderte hasta saciarme
Soñar con vos, despiertos los dos
Dormir sólo cuando sea inevitable

De eso tengo ganas

lunes, 22 de septiembre de 2008

Por amor...

Siento frío, todo está oscuro y el parpadeo de la lámpara me dice a susurros que lo que acabo de hacer probablemente no fue lo mejor...

Hace frío, un frío que cala en mi carne... No es que me falte calor, de hecho no hace tanto frío, pero siento que sale desde mis huesos cómo si mi alma se hubiera congelado por unos instantes y estuviera recuperando su humanidad muy despacio.

Mi respiración es agitada, mi pulso esta apunto de parar mi corazón, la adrenalina me intoxica y mis labios están secos, al punto de agrietarse y empezar a sangrar. Su respiración es breve, pausada, casi nula, se encuentra en un éxtasis funesto.

Nunca creí que un hombre fuera realmente capaz de hacer cualquier cosa por amor, nunca creí que un hombre como yo fuera capaz, nunca. Y es hasta hoy que lo tengo a él entre mis brazos, contra mi cuerpo, que sé que sí puede ocurrir.

Lo que acabo de hacer me imagino que solo se puede hacer por amor, olvidar lo que sos, lo que te enseñaron y toda la mierda que te meten en la cabeza para terminar así como terminé yo, haciendo lo que hice, con las manos sucias, un ojo hinchado y una sonrisa de maníaco tan espantosamente perturbadora.

Puedo sentir su respiración todavía agitada pero quieta, cada vez más tenue y callada. Su cuerpo aún esta caliente, pero se entibia como el bombillo de la lámpara que acaba de apagarse. Mi delirio cede, mi brazo se detiene y lo escucho gruñir algunas ultimas palabras mientras cierra sus ojos. Pensé que ya no podía más que ya todo había acabado.

Lo aparté despacio, con cuidado, pero él sacando fuerzas de la nada intentó retenerme, como sosteniéndose de mis hombros, pero ya simplemente no tenía fuerzas. Sus piernas flaqueaban. Resulté más astuto de lo que pensó y simplemente mi joven fuerza lo venció. Lo dejé ahí tirado y ya no dijo nada...

¡Mierda! En lo único que puedo pensar es en que me estoy quemando por un cigarro, pero ni eso puedo. Entre los venenos del mundo, las mujeres y el tabaco son mis preferidos, aunque en ese momento la sangre de mis labios tenía un sabor tentador. Pero no, tengo que arreglar todo este desorden para que quede como si no hubiera pasado nada. ¡El maldito me embarro todo!

Debo confesar que siento un poco de asco, mi estómago esta revuelto y el sabor a sangre en mis labios no me ayuda a controlar las ganas que tengo de vomitar... Hace como cinco minutos que no lo oigo... todo me huele a óxido, todo lo siento rojo, todo lo veo oscuro.

Algo me moja la cara, siento que escapa primero de mi hinchado ojo derecho y luego sale igual del izquierdo... ¿Por qué lloro?... No lo sé, de felicidad tal vez... pero mis lágrimas siguen sabiendo a sal aunque sean de alegría... Es extraño, todo a mi alrededor me resulta tan repulsivo y pese a eso tengo una sonrisa de satisfacción tan insigne en mi rostro y una mucho mayor en el alma. Si no resultara tan irrespetuoso me le reiría en la cara ¡Diablos debería hacerlo! Pero la humanidad volvió a mi cuerpo con el calor en la sangre, así que ya no puedo hacerlo, no voy a hacerlo, creo que para el pobre hombre ya fue suficiente. Me acabo de quitar un gran peso de encima, me acabo de condenar, pero somos libres por fin, ella y yo.

Ahora sus caderas van a ser solamente mías, este maldito viejo ya no nos va a estorbar... Qué satisfacción fue sentir mi cuchillo desgarrarle el abdomen una vez tras otra, una vez por cada beso que le dio a ella con su asquerosa boca de anciano, con su saliva y su aliento a tabaco añejo. Deshacerme de él a estocadas, embarrando de sangre mi cuerpo, mordiendo mis labios de rabia para asegurarme de que cada puñalada lo hiriera aún más mientras lo aferraba a mi para que no escapara. Sólo saber que ella, después de hacerle yo el amor iba directo a la cama con él me atormentaba. ¡Pero ya no más! ¡Ahora ella es totalmente mía, únicamente mía!

Esta noche, apenas me desocupe de todo este enredo de mierda, la voy a llamar. Con una dulce voz de joven enamorado le diré que somos libres, le confesaré que por su amor soy capaz de todo y que nos libré de sus miedos. Ella será feliz, porque después de lo que hice ella tiene que ser feliz. No nos tendremos que esconder más, ya no hay nadie a quien temerle. Hoy mismo iré a su casa, le haré el amor como un animal saciando sus ganas y las mías, la besaré pensando en que es mía definitivamente, que se la arrebaté por fin a ese maldito viejo. Pero primero arreglare todo aquí, limpiaré la sangre que pringó el escritorio y mi ropa, tiraré en un guindo el cadáver y me desharé del cuchillo, aunque podría quedármelo como un recuerdo. Haré todo pensando sólo en sus labios y hasta buscaré la forma de quitarme este sabor a sangre de la boca...


Ahora vos sos mi mujer.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

En algún momento

El corazón me latía fuertemente, yo sabía lo que pasaría a continuación, a pesar de que me reusé a volver a intentarlo después de fracasar varias veces, después de que lastimaran mi corazón varias veces.

No quería estar con él, pero al mismo tiempo cada movimiento que hacía se encargaba de guiar los acontecimientos futuros... Un poco de timidez y un poco de desconfianza.

Poco a poco comenzó a quitarme la ropa, yo cedí... Mi mente en un mundo diferente a lo que estaba sucediendo. Caos, confusión, euforia, enojo, deseo, ansiedad, emoción; una mezcla de sensaciones tan complementarias y tan contradictorias al mismo tiempo.

Un beso aquí, un beso allá; un beso, otro beso... Muchos besos. Mmmm! Esos besos que me transtornan. No lo soporto! No te soporto! Esos malditos besos que me hacen desearte más. Maldito tú! Y malditos tus besos!

Maldita la vida que me hace volver a caer en lo mismo, volver a enamorarme... Juré no hacerlo y en eso apareciste! ¿Por qué putas apareciste?

Por supuesto! Apareciste para esto! Para demostrarme que no siempre tengo la razon, para demostrarme que no controlo mi corazón.

Y con cada caricia, con cada toque, con cada beso una parte de mi se desmoronaba. Cedí ante el amor... o por lo menos ante la pasión, bajé mi orgullo y te entregué mi corazón, o lo que quedaba de él.

Sí, ya se. Me dejé llevar, pero por favor no me lastimes! Ya he sufrido bastante como para volver a pasar por la misma situación. Por el mismo desamor. Por entregar mi corazón... si es que en algún momento tuve uno.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Lo que nos hace falta

Por fin estábamos solos, llevábamos tanto tiempo deseando estarlo y sólo pudiendo decirlo con besos... Últimamente los besos “normales” ya no sabían a nada, queríamos besos “de verdad”, largos, que suben la temperatura del cuerpo a pesar de las malditas noches con lluvia y frío.
Pero hoy, por fin estábamos solos, presionaste con fuerza mi cuerpo entre la pared y tú, mientras me besabas “de verdad”.
El cuello, adoro sentir tus labios en mi cuello, el olor de tu pelo…
Tus manos, suaves, rápidas, lentas… para este momento ya tengo mucho calor, la ropa me estorba, mis labios están muy rojos y tengo sed. Me encanta el sabor de tu boca, sobre todo cuando tengo sed.
La pared se vuelve pequeña e incómoda, de alguna forma terminamos en el suelo. El tiempo no camina, pero todo va tan rápido…
Tu mirada, los ojos entrecerrados, esa sonrisilla… humm… sí, me gusta, me gustás mucho…
Ya no hay ropa que me estorbe, me la arrebataste sin que me diera cuenta.
También me gustan tus manos, son suaves, no me hacen daño, bueno sólo a veces, pero en este momento siento tantas cosas que esos pequeños pinchazos de dolor ni se sienten… me gustan tus manos, y tus dedos, me gusta como me tocás.

Me gusta, se siente tan bien...pero ya no tanto… no sé, de repente el vernos así, no tiene tanto sentido, ya sé, se supone que uno no piensa, por lo menos no en esta situación, y no es que no tenga ganas, simplemente al verte encima mío, te quiero apartar, quita, quita…
…No sé… a lo mejor lo que hace falta entre nosotros no es el sexo.

Cuestión de sudores

Acababa yo de escribir el punto final de esa novela que me mantuvo ocupado durante más tiempo del previsto. Pensé que bastaba con girar un poco mi muñeca para dar por terminado todo aquello. Fue así como me encontré de nuevo ante las aguas de la soltería, tan basta, tan cálida. Y cómo buen hombre que soy, cargue mi arma y me lancé a cazar.

No me resultó tan difícil como pensaba. Un poco de estilo, una cuota de romanticismo y presto. La primera presa cayó en mis brazos... Yo siempre he pensado que hay gente que nació para ser cogida, gente que con cualquier cuento se la llevan a la cama (en el menos creativo de los casos, claro está), y otros que nacimos simplemente para cortar cabezas.

Jaja me burlo de mí mismo por cómo sonó eso, me sentí Mr. Algo por un momento. Pero esta historia fue así, rara. Salí con las ganas de algo más que unos tragos, un baile, un aprete y un número de teléfono. La suerte me acompañó esa noche (parece que vio mi cara de desesperado en celibato) y resultó que ligué.

La rutina previa fue corta, encontré poca resistencia ante mis manos irreverentes y mis gestos lascivos. Unas cuantas palabras que transmitieran mis intenciones y en pocos minutos ya íbamos en mi carro camino al matadero. ¡Ah, qué bonita es la sensación de macho libre y cogedor!

Llegamos y no dejé que abriera la boca para pronunciar palabra, saqué mis instintos primitivos y me entregué a saborear, a tocar, a oler como un animal en celo. Entre aspiraciones y caricias desnudé su cuerpo. Esa noche me sentía animal, quería sexo creativo, sexo exótico, como en los viejos tiempos.

Pronto, muy pronto, nos convertimos en un amasijo de carne mojada. Debo confesar que el sudor es uno de mis fetiches más queridos, y digo uno porque eso de los fetiches es todo un arte del cual descubro día a día más secretos. Me gustaba su olor, apenas perceptible, un poco seco y embriagador. No podía contenerme y lo probé, quería más, mucho más. Ese saborcito salado me tenía en las nubes. Empecé a recordar. Ese sabor no era igual, le faltaba textura, le faltaba esencia...

¡Me cago en la memoria! De verdad que en momentos así no me sirve de nada. ¿Cómo es posible que en media cogida me este acordando de vos, del olor de tu cuerpo sudado? Pensé que cuando uno ponía un PUNTO FINAL era precisamente eso, UN FINAL. Es hora de cambiar de estación, eso de los sentimientos baratos y las cursilerías rosas no es de machos como yo. Con esa idea en mente me dispuse a ignorar la avalancha de sensaciones que me recordaban tu cuerpo escurridizo, que no hace mucho tiempo atrás se perdía entre mis piernas.

¿Y es que cómo podía ignorar que tenía sexo en la misma cama en la que hacía el amor con vos? ¿Cómo explicarle a mi cerebro que entre coger y hacer el amor la diferencia es el amor? Ya no quiero recordar, bueno, lo que no quiero es pensar, recordar por lo menos me excita, aunque cuando esté solo me funda en la melancolía...

¡Mierda, ya es suficiente! Lo que tengo que hacer es concentrarme en seguir cogiendo que si no esta noche quedaré como un mal polvo ante mi nueva presa. ¿En qué estaba? ¡Ah si, en el sudor! Me recargué despacio sobre mi amante y empecé a succionar su cuello con la fiereza animal del recuerdo de un cuerpo ahora ajeno y con el resonar instintivo de la memoria de mis sentidos. Poco a poco mi lengua busca nuevos sabores mientras baja por la línea secular que me lleva hasta un ombligo y más abajo a mi agasajo favorito. Esa noche fue larga. Recordar y tratar de olvidar, junto con las ganas de coger, son uno de los mejores afrodisíacos que he probado en mi vida. Lástima que tenga el peor efecto secundario para los hombres, el sentir que hemos perdido a alguien que de verdad llegamos a amar.

martes, 2 de septiembre de 2008

Fantasía

Salí de mi casa como todos los días, disfrutando del sol de la mañana y de ese intenso olor a tierra húmeda que queda flotando en el ambiente luego de que el sereno de la madrugada se precipitara.

Pase a la pulpería para comprar mi ya normal “desayuno” que incluía una manzana, y un yogurt de cualquier sabor. Sin embargo esa mañana algo diferente estaba ocurriendo con mis emociones, no lograba concentrarme, estaba acelerada e inquieta, y a la vez a la expectativa deseando que fuera la hora de la salida en mi trabajo.

Por cuestiones de mi profesión, secretaria de un abogado, tenía que andar excesivamente bien presentada tanto o más de lo que mi salario podía cubrir; pero eso no era lo que me molestaba ya que para casi todas las mujeres sentirnos atractivas es algo que nos hace sentir bien. El verdadero problema era la falta de locura, pasión, creatividad o como le quieran llamar, en la rutina de contestar y colgar el teléfono.

Siempre de niña soñé con ser una bailarina de tango, de esas que usan vestidos atrevidos pero conservadores, sensuales pero a la vez refinados, zapatos con tacones altos que le daban clase a quien los portaba, y esas gargantillas y accesorios enigmáticos que mi escaso sueldo no me dejaba poseer.

También soñaba con ser una cantante de ópera, cuya voz se pudiera oír con la fuerza de quien canta desde el alma; o tal vez una pintora para poder crear esos mundos de fantasía y llenos de color.

Ya era demasiado, yo sabía que no podía continuar así, ocupaba algo de pasión en mi vida. En eso mordí la manzana que tenía en mi mano y la sensualidad que me produjo en los labios me llevó a un éxtasis en el cual debo admitir desee algo más que simple pasión.

Así paso el día atendiendo al Señor Rodríguez, al Señor Guzmán, a Don Jeremías de la O, Doña Socorro Castro, en fin un montón de nombres que recuerdo sólo por lo monótono de la rutina. Hasta que por fin eran las cuatro, casi sin despedirme salí de mi trabajo decidida a hacer algo creativo.

Luego de una hora de caminar y pensar por las calles que transitaba normalmente, seguía sin saber que hacer. Resignada me devolví hacia la parada de mi bus y fue ahí cuando oí ese sonido.

Alguien a la distancia escuchaba tango, me fui acercando y vi que el sonido salía de una pequeña ferretería de pueblo, en eso se me ocurrió una idea, darle un nuevo color a mi casa. Entré decidida a comprar medio galón de pintura verde y medio de amarillo, ya que era lo máximo que podía comprar de momento.

Una vez dentro vi que nadie estaba atendiendo toque con una moneda el mostrador pero nada, sólo se oía la música salir a través de una puerta atrás del mostrador. Con miedo y a la vez un poco de excitación por hacer algo indebido me pase con cuidado al otro lado y me asomé por la puerta.

Justo ahí lo vi, no muy flaco y no muy grueso, alto yo diría que alrededor de metro ochenta, pelo rubio recogido en una cola, ojos castaños, y camisa blanca apretada y jeans sucio por el trabajo pero que no ocultaba la redondez de sus curvas casi perfectas. Sin poderlo contener ahogue un suspiro y él se volvió.

Extrañado y asustado por mi presencia me preguntó por lo que se me ofrecía, no pude responderle, el tango en mis oídos, él en mi vista, mi corazón acelerado y mi feminidad deseosa de sensaciones; me hicieron abalanzarme sobre él y empezar a besarlo.

Pasado el primer susto el me correspondió, cerró la puerta y sin querer derramo un tarro de pintura color lila que al parecer era una mezcla que estaba preparando. Nerviosa intente ayudarle a limpiar el reguero pero sólo logré resbalarme y caer sobre la pintura.

En eso yo que deseaba salir corriendo por la pena sentí como sus brazos me sujetaban por detrás y suavemente sus manos me iban desnudando, poco a poco tomé control de lo que pasaba y empecé a quitarle sus prendas. Estábamos desnudos uno sobre el otro en el piso, y justo ahí decidí expresar mi creatividad, con la pintura que estaba embarrada en mis manos lo empecé a decorar su pecho, sus piernas, su espalda, mientras sentía como él motivado por la circunstancia también dibujaba sobre mi piel trazos de distintos colores que había derramado adrede.

Entre el sudor de la pasión, los colores, las sensaciones y la música nos unimos completamente, mientras nos besábamos y respirábamos con excitación.

Después del intenso fogueo de sensaciones, me quede dormida y cuando desperté estaba en mi cama y sobre mi vientre una carta con un pedazo de papel dentro con diferentes manchas de pintura me voltee a ver y vi que estaba limpia, tomé la manzana que tenia a mi lado la mordí y recordé como ese mismo día temprano esa manzana fue la que me impulso a soñar con mi mayor fantasía.

Me vestí salí de mi casa, me dirigí de nuevo a la rutina del trabajo pero con una sonrisa en mi boca.

Al menos había logrado en una muy real fantasía lo que en mi vida normal no lograría.

miércoles, 6 de agosto de 2008

Lágrimas

¿Sabes Laura? Hace mucho tiempo no veía una luna como esta...


Un cuerpo se asomaba por la ventana de aquel balcón. Hacía frío, mucho más que los otros días, pero ahí estaba, de pie junto a la luna fresca de octubre. Ante el silencio que prosiguió a sus palabras, se volteó con una dulce mirada inquisidora sólo para comprobar que ahí estaba ella, apacible y serena entre el edredón que la abuela había traído para las noches álgidas.

La contempló por un buen rato. Repasó su cuerpo de sirena alada, su cara de niña pequeña. Reparó con detalle en esos labios carnosos a través de los cuales brotaba esa mujer que tanto le sorprendía. Esa diosa dormida que jugueteaba en su mirada y que esa noche brotó de su boca.

Había llegado tarde. Justo cuando la ciudad empezaba a bostezar ella tocó la puerta rompiendo el silencio que había en el interior del departamento. Tras abrir la cerradura descubrió un cuerpo temblando entre lágrimas de espeso dolor. No le dio tiempo de preguntar que pasaba, ella simplemente saltó a su cuerpo y dejó salir su desesperación. La sintió llorar como nunca antes. Su corazón era una bolsita de papel arrugada que latía débilmente en su pecho. Sin saber el porqué también se entristeció, tan solo verla así le bastaba.

Acarició su mojado rostro y enjugó el brote de sus ojos. Una breve sonrisa se esbozó de repente y un poco de consuelo brilló en su mirada. Sintió el deseo de protegerla, de demostrarle que sus brazos eran capaces de darle seguridad. La abrazó, fue un abrazo largo, sincero. Quiso expresar todo su apoyo, su amistad, su amor.

Dos corazones latiendo juntos en una noche fría, una noche de octubre. Después de ese abrazo, notó el rubor en sus mejillas y como tímidamente ella bajaba un poco su cara. Con su mano derecha levantó suavemente su barbilla y la vio directo a los ojos. Con solo una mirada le indicó lo que pasaría. Acercó su rostro hasta el de ella, acercó sus labios a los suyos. Un rayito de electricidad brilló en la oscuridad.

Fue el beso más largo y más tierno de su vida. Esa inocencia, esa tristeza, esas ganas, ese amor. La noche se llenó de luz. Era tarde, la ciudad dormía. Con un gesto cortés le ofreció su casa y sus brazos para dormir esa noche. Hacía frío y sus cuerpos serían la mejor fuente de calor. Abrazándola susurró palabras de amor a su oído y la cuidó hasta que cayó rendida ante el embrujo de Morfeo. Llorar la había agotado.

No podía dormir. Se levantó y caminó hasta la ventana, un embrujo hechicero llamaba su cuerpo. Era la luna más bella que había visto en su vida, pocas veces había presenciado tal hermosura.

¿Sabes Laura? Hace mucho tiempo no veía una luna como esta...

Ante el silencio que prosiguió a sus palabras, se volteó con una dulce mirada inquisidora sólo para comprobar que ahí estaba ella, apacible y serena entre el edredón que la abuela había traído para las noches álgidas.

Después de verla así, tan frágil, tan bella, la luna había perdido su gracia. Su atención se prendió de ella, de su amada. ¿Cómo confesarle que ya no podría consolarla más? ¿Cómo podría explicarle que hay fuerzas imbatibles que separarían su amor? Un dolor oprimió su pecho, le faltó el aliento, sabía que ese maldito cáncer no le daría mucho tiempo, su cuerpo estaría en estado deplorable, su llama se extinguiría pronto. Una lágrima bajo por su mejilla. Él era quien lloraba ahora...

domingo, 3 de agosto de 2008

Una noche más



Tu olor en mi piel
me hace desearte aún más
Es tal cosa posible?
Tan solo recordar tu respiración me lleva a lugares más allá de tu imaginación
Te quiero
No..
Te deseo
Me es necesario tu sabor en mi boca, tu piel contra la mía
mi instinto animal surge con tan solo pensar en tu tacto

en todo aquello que hicimos
en como hacías mi piel erizarse
en la forma en que me hacías gemir
Tu poder sobre mí va más allá de mi control
Ocupo tu olor sobre mí
todo el día
todos los días
Recuerdo la forma en que me desvestías
lentamente
besando cada curva de mi cuerpo
recorriendome completa con las puntas de tus dedos
Pero luego,
luego era como si toda la vida no te bastara para desearme
para hacerme tuya
para tenerte y tenerme
para besarnos
para ser uno solo.
En esas cuatro paredes eramos solo tu y yo
y el calor de nuestros cuerpos
No puedo sacar de mi cabeza nuestros besos
la forma en que mordías mis labios
como si nunca te pudieras satisfacer
el sabor de tu boca
el sabor de tu piel cuando estabas sobre mí
aquellos besos que comían mi cuello
Oh tus manos por mi cuello
por mi cuerpo vibrante de deseo
por mis piernas
por mis pechos
por cada rincon de mi cuerpo
Mis uñas pasando por tu espalda
tus gemidos de placer
la fuerza con la que me sujetabas
Conocías cada centímetro de mí
y yo sabía como tocarte
en cada punto de tu ser
y como hacerte esperar
hasta aquel orgasmo final
El placer, la pasión, el deseo
de tan solo tenerte en la misma habitación
No podía esperar a quitarte la ropa
a tenerte encima de mí
a que fueras solo mío
y yo solo tuya
y tuvieramos una noche más.
Tan solo una noche más

una noche más.

miércoles, 30 de julio de 2008

Solo eso quiero...

Ya estoy harta de ser yo la seductora, la que pone cara de estúpida frunciendo sus labios mientras me contoneo frente a tus ojos lascivos que me devoran poco a poco. Ya no quiero ser yo la que juegue a ser inocente, la que tiene que encender la hoguera de tu pasión fingiendo tus fantasías. Hoy no.

Hoy quiero ser yo la desquiciada que te ve a ti. Quiero espiar cada rincón de tu cuerpo mientras te desnudas al ritmo de mi aliento. Hazme vivir esta pasión voyeurista de seguir atenta tus movimientos, sin censura, sin pudor alguno. Quiero verte bailar con tu mirada acechándome justo al borde de mi cama, invitándome a disfrutar los placeres de tu cuerpo. Esta noche serás tu ese jovencito inocente que descubrirá el placer en mi, me seducirás despacio, con lujuria y decadencia.

Quiero que me incites, que me provoques, que muerdas tus labios quieto para verte. Que gatees por la cama hasta llegar a mi. Que me intentes besar mientras yo te lo niego, haciéndote sufrir de pasión. Quiero pegarte cuando intentes tocarme, como cuando una madre castiga a su niño malcriado. Deseo escuchar que ruegues hacerme el amor, que me supliques a gritos el permiso de tocar mis caderas, mis senos, mi cuerpo que te obsesiona y te hace esclavo.

Te quiero ver ahí, sediento, humillado, que lo único en lo que puedas pensar sea en mis labios, en su calor y su humedad. Que tu neurona se caliente pensando en la forma en que hago el amor, en como me muevo y como se siente mi ardiente elixir. Así me volverás loca, me harás sentir tu dueña y yo cómo ama justa te haré comer de mi vid.

Comerás hasta que se me nuble el deseo, hasta que pierda el sentido y justo cuando lo haga te clavaré mis uñas y dejaré en tu piel mi marca para que me sigas sintiendo y recordando siempre. Para que te vuelvas loco pensado en lo que te hice sentir, en como te excitaba que yo me negara, que buscara retrasar el placer en ti y en mi.

Quiero que te obsesiones conmigo, que me llames, que me acoses, que sientas la necesidad de hacerme el amor para seguir viviendo y yo, yo seguiré negándome, aprovechándome de tu deseo para cumplir el mío, seré la sumisa que piensas que soy pero seguiré controlando tu deseo y manipulando con mi cuerpo tu mente de adicto sediento.

Quiero hacerte sufrir, solo eso quiero.

lunes, 28 de julio de 2008

Incubo

Esta noche iré contigo.

Al alumbrar la luna llena, justo a la medianoche, entraré por tu ventana. Ágilmente cruzaré el umbral y te contemplaré como una leona ve a su presa. Esta noche te cazaré, clavaré mis colmillos con furiosa pasión en tu cuerpo joven y atrayente. Tu estarás durmiendo tranquilamente, esperaré a que des unas vueltas en tu cama y esa será mi señal. Me acercaré sigiloso, acechante, desnudando tu cuerpo con mi mirada de cazador furtivo.

Caminaré despacio y me detendré a tu lado. Haré que sientas mi calor sin haberte puesto un dedo encima. Mi simple presencia subirá tu temperatura al tope, te haré sudar en lujuriosa decadencia. Instintivamente quitarás tus sábanas dejando el camino libre para mi, que deseoso y lascivo te observo con minucioso detalle. Tu cuerpo se ve exquisito, semidesnudo, ardiente, pero sobretodo suplicante de disfrutar del mío, de perderte en los rincones más recónditos de mi boca y que mi lengua se pierda en los tuyos. Empiezo mi juego. Primero un beso sensual para atraer tu atención. Puedo sentir como me das forma: alto, joven, varonil, vigoroso. Tus ojos siguen cerrados, tu boca esta entre abierta recibiendo mis labios. Esa es mi entrada, me cuelo en tu cuerpo. Poco a poco extraigo mi elixir de vida mientras te ahogo en el deleite de mi ser. Me convierto en tu juguete, tu esclavo, el hombre que cumple tus más bajas pasiones y tu te conviertes en salvoconducto de mi existencia.

Me obsesiona tu cuerpo, es algo que no puedo evitar. Quiero conocerlo todo, despacio, esta noche tu eres mi atracción y gozaré de ti mientras te llevó hasta el cielo de donde caí un día. Te cubro de besos, cálidos y sensuales. Tus brazos me guían, me indican el camino a seguir. Tus caderas no aguantan quieren probarme, yo las atormento haciéndome el difícil, jugueteando en tu pecho mientras acaricio tu espalda con mis uñas y poco a poco bajo a atenderlas.

Mi lengua te mata. Caliente y precoz te recorre. Tu cabeza va explotar, un leve gemido rompe en tu habitación y hace repicar mis sentidos. Voy por buen camino. Sigo mi ruta, tu placer es mi meta. De repente tomas el control, esto no lo esperaba. Me agarras fuertemente el pelo y con furia me levantas hasta tu cara, me plantas un beso que busca comer mis entrañas. Arremetes violentamente y con mirada pícara me domas clavando tu uñas en mi pecho. Con esa cara de lujuria me haces tuyo, sin reparos, sin censura y yo correspondo a tu arrebato dándote lo mejor de mi. Tus fantasías fluyen en las sábanas, esta noche estoy dispuesto a cumplirlas, todas y cada una de ellas.

Mañana despertarás recordando con pena lo que soñaste. Sentirás mi calor mientras rememoras mis movimientos. Probablemente no recordarás bien mi cara, pero no olvidarás fácilmente mi erotismo. Sabrás que estuve ahí, tu cuerpo delatará nuestro encuentro. Estarás en mi memoria, seguiré visitándote, siempre con un rostro y un cuerpo distinto...

Definitivamente siempre supe que lo mío no eran precisamente las alas y las aureolas. Tanto blanco, tanta nube, me asfixiaban. Yo soy un ser mucho más carnal, más terrenal, así que el castigo que se me impuso lo veo más como la vida que yo mismo escogí vivir.

Soy algo así como el sueño secreto que anhelan muchas mentes, muchos cuerpos, causante de miles de sonrojos. No tengo nombre, alguna vez lo tuve pero ya lo olvidé. Soy quien quieras que sea, me veo como quieres que me vea y hago lo que siempre has querido que te hagan. Soy ese deseo nocturno que se cuela entre tus sábanas y humedece tus sueños con el descaro más grande del mundo. Me convierto en pasión, en locura, en anhelo. Paso mis horas buscando cuerpos deseosos, metiéndome en sus camas y haciéndolos sentir lo que nadie los hará experimentar jamás. A cambio les robo su vida, su energía y así conservo la mía. No sigo las reglas, nunca lo he hecho. Viviré como el demonio que soy por el resto de mi existencia mientras siga encendiendo esas flamas en aquellos sedientos de sexo, a quienes seco un poco cada noche, orgasmo con orgasmo.


Esta noche iré contigo, espérame...


La imagen de este relato fue elaborada por Oskrespo

jueves, 24 de julio de 2008

Tarde de lluvia


Otra vez aquí estamos
He comenzado a pensar que es culpa de la lluvia, cuando llueve que las tardes son húmedas y frías, cuando entra poca luz por mi ventana, que buscamos como roedores, como animales, calor, un lugar donde calentar nuestros desnudos cuerpos.
Como cuando somos niños, y en la noche oímos ruidos, nos metemos en la cama y creemos, sentimos, que ahí estamos a salvo, que nada nos puede hacer daño ya...
Así de esa manera tan insensata y tonta me buscas en estas tardes de lluvia, y así estúpidamente te dejo entrar en mi cama.

Creo que no te amo, me pregunto si en realidad alguna vez te he querido así, de estar forma… Siempre creí que la pasión vendría con el amor, pero en tu caso es inútil intentar descubrir que pasa, sólo se que llueve, que tengo frío, y que quiero tu aliento, tu humedad, tus manos para alejar este sentimiento de soledad.

Creo que tú sabes mejor que yo porqué te dejo entrar, porque dejo que con dedos apurados descubras lo que nadie mas conoce de mi, porque permito que juegues con mis labios, que pruebes, que toques, metas tu mano por debajo de mi falda, que busques todo eso de mi que me hace sentir insegura, como si fuera perfecto.

Y es que lo mas intoxicante del placer es que no te permite pensar, no pienso, y cuando se deja de pensar es mas fácil dejar de sentir, es mas fácil olvidar. Pero tú además me haces sentir perfecta, hermosa, deseada, hasta a veces superior a ti.

Por eso dejo que estés aquí, haciendo lo que quieres, pensando que soy tuya, que has obtenido todo de mi, y talvez yo misma he llegado a creerlo varias veces, pero no es la verdad, no te quiero, y yo te estoy usando a ti, para no tener frío, para no sentirme sola…

Disfruta hoy que podemos hacerlo, porque nunca más se repetirá, porque ya no voy a permitir que me hagas mas daño, hoy será la última vez que nos destruimos el uno al otro.

sábado, 19 de julio de 2008

Amor de canela

Adoro esa ternura con la que me vez cada mañana al despertar. Esa mirada de miel que esbozas entre las sábanas blancas de mi habitación. Justo cuando el sol travieso se cuela entre la ventana reflejando sus rayos en tu suave piel y dándote ese toque angelical que me hace venerarte. Mi guardia de macho feroz cae a tus pies y no puedo hacer más que perderme entre la oscuridad azabache de tus ojos. Esos ojos en los que se deshace mi cordura y se reflejan mis más profundos sentimientos.


¿Cómo es posible que tu cuerpo, tan frágil, tan débil, tenga ese poder sobre mi?


Y es que esa sonrisa pícara que se pinta en tu boca de cereza es capaz de hacerme ir al cielo y pelear con los dioses para traer hasta ti el Sol, la Luna y todas las estrellas que hagan falta para iluminar tu existencia, tu destino, tu vida que es mía. Y no porque yo sea tu dueño, es que de ahora en adelante tu suerte es la mía, te pertenezco y vivo por ti, solo por ti.


¿Cómo decirte? ¿Cómo explicarte lo que siento?


Mis ganas no aguantan y mis manos inquietas buscan tus tersas mejillas de durazno maduro, mis labios anhelan el sabor a vainilla de tu boca y ese aliento a naranja fresca que despierta mi deseo. Quiero besarte, lento, pausado, saboreando cada milímetro de tu boca. Besarte como si mi vida dependiera del elixir de tu saliva. Pero no, mis labios no reaccionan, tienen algo más intenso y más importante que hacer...


¿Qué sucede? ¿Qué puede ser mejor que perderme en tu boca gitana?


Acostado a tu lado me acerco a ti, te estrecho entre mis brazos y acerco mi boca a tu cuerpo. Con los ojos cerrados avanzo por tu cuello. Sin decir una sola palabra voy posando mis labios justo al lado de tu oreja. Mi corazón grita, cada vez más fuerte, mi boca quiere que lo oigas, mi alma anhela que escuches sus palabras. Y es así como mis labios musitan un susurrante “te amo”


¿Qué he dicho? ¿Qué es esto que siento? ¿Qué pensarás?


Me alejo nervioso, es la primera vez que me acorrala el corazón. No puedo hacer nada para evitarlo. Esa es tu fuerza, eso es lo que me haces sentir. No se que atravesó tu mente al escucharme exclamar esa dupla gritada desde mi pecho. Nos quedamos quietos y de repente volvió tu mirada de dulce de leche y esa sonrisa matadora. Te acercaste a mi y me entregaste tus labios, lento, pausado, saboreando cada milímetro de nuestras bocas...



Te amo,
hoy más que nunca
con todo mi ser y mi alma...

miércoles, 16 de julio de 2008

Amándome

Nunca me había percatado de lo guapo que soy. De mi sensualidad natural y de ese pícaro gesto de mi personalidad. Eso explicaría porque cualquier mujer que he querido ha caído a mis pies rendida ante mis más oscuros deseos. Pero como dije antes nunca me había dado cuenta de ese poder hasta ese día, en esa cama.

Nublado por la pasión del momento caí ante la pecaminosa tentación. Empecé a acariciar mi cara, conociendo cada milímetro de ella. Pasaba mi mano lento, como un ciego que conoce por primera vez a un amigo. Debo confesar que al principio lo hacía con más excitación que cariño, pero poco a poco la ternura se conjugó con el deseo y me quise como nunca antes me había querido.

Pase mi lengua por mis labios, saboreándolos y mordiendo lo jugoso de sus carnes. Descubrí la calidez de mi boca y lo certera que es mi lengua jugueteando en cada rincón de mi cavidad bucal. Besé suavemente mi rostro, mis párpados, mi frente, mis mejillas, cada mísero rincón que me hiciera sentir. Mordisqueé los lóbulos de mis orejas, buscando el placer ingrato que en mi eso provoca.

No hubo una sola parte de mi rostro con la que no jugueteara. Pero quedaba aún mucho más por descubrir, por recordar, por explorar. Bajé lentamente mi lengua por mi cuello llenándolo de saliva, dando mordisquitos que me hacían estremecerme. Pase mi lengua por todo mi pecho, ensalivando cada centímetro y luego empecé a soplar lentamente sobre él. Ese contraste entre lo caliente de mi cuerpo y el frío que mi aliento y mi saliva me hacían sentir, me volvía completamente loco.

Cada poro de mi piel sentía mi pasión, esa lujuria mal sana que carcomía mis adentros, ese amor narcisista que me provocaba aquella situación mundana. Seguí mi camino, arañando los costados de mi abdomen y besando a piquitos mi ombligo, me hacía cosquillas, un poco, pero para ese momento ya todo era sensual y sexual. Buscaba darlo todo, quería hacerme sentir hasta el último placer que mi cuerpo pudiese dar y recibir.

Después de muchos juegos y de que la temperatura hiciera explotar los termómetros de mi cuerpo, pasó lo inevitable, me hice el amor entre quejidos y exclamaciones guturales. No sabía pensar, solo sentía. Podía notar mi virilidad y ese poder tan masculino de mi pasión. Abrazaba mi cuerpo, acariciando todo lo que estuviera al alcance de mis manos mientras aumentaba el ritmo de mis estocadas de torero asesino. Fue el placer más intenso que he vivido jamás. La potencia del clímax fue incomparable, los segundos se hicieron horas y el tiempo se detuvo para inundarme de placer. Cerré ese episodio dándome un beso de oro lleno de dulzura y pasión juvenil e inocente.

Esa tarde fue increíble, descubrí lo sensual que puedo ser y lo bien que se sienten mis caricias al hacer el amor, bebí de la vid de mi boca y de mi amor. Solo por esa tarde exploré mi cuerpo y conocí cada rincón que me hace explotar, ese momento, el único por el resto de mi vida.

Cuando todo terminó y recuperamos el aliento, nos vestimos. Ninguno de los dos habló. Lo que acababa de ocurrir era impensable, era el peor pecado que jamás pudimos haber cometido. El era yo y yo era él, hermanos gemelos, un solo cuerpo y dos mentes separadas que por culpa del deseo se hicieron una en esa cama y se conocieron a sí mismos como nunca antes lo habían hecho.

- Lo siento
- Nunca más pasará

(...aunque ambos cuerpos lo griten)

lunes, 30 de junio de 2008

Venganza

Era su culpa, y lo sabía.
Sabía, también que el no lo dejaría pasar, no lo iba a olvidar... Se la iba a cobrar.

-Da igual, ni que tuviera miedo- Se dijo a si misma, pero sí estaba asustada, y a la vez sentía en una excitación creciente...
-Esto me lo vas apagar- había dicho él
-jajaja... si claro- le había contestado ella, pero esa mirada le dijo que hablaba muy en serio

No lo vio desde entonces, hablaron poco por teléfono, y ella sabía que era su culpa, porque era ella quien jugaba, quien interpretaba el papel de la audaz, de interesante, porque le gustaba incitarlo, porque sentía que de esa manera tenía un extraño poder femenino sobre él. Pero todo era mentira, ella nunca había besado, nunca había permitido que nadie se acercara lo suficiente, tenía miedo.
Y ahora, algo le decía que había llegado demasiado lejos, esta vez no escaparía, no de él... tenía miedo, y a la vez deseaba...

Ya se iba, pero su celular sonó exaltándola
-¿Donde estás?
-Ya me voy
-¿Dónde?
Ella dudó si contestar, pero las palabras salieron de su boca casi en contra de su voluntad
-Ya voy, espera- Dijo él, y cortó

Miedo/deseo/miedo/deseo, -me voy- pensaba, pero sus pies simplemente no se movían, y la excitación crecía, miraba a su alrededor, a la oscura y fría noche, los postes alumbraban mediocremente la calle con una luz anaranjada, ni un alma caminaba sobre el suelo mojado por la lluvia, sólo ella estaba ahí, inmóvil junto a ese muro, se cansó de luchar contra sus pies que se negaban a moverse, y observó alrededor… Miedo/deseo/miedo/deseo, y ¿Ahora qué?, ¿que le iba a decir? ¿Podría acaso comportarse como siempre? ¿O se caería su estúpida máscara? ¿Podría tan siquiera mirarlo a los ojos?

Lo vio acercarse, una figura a lo lejos caminaba con paso firme y seguro, su corazón se aceleró dramáticamente, tragó en seco…

-Hola
-Hola… pero ya me voy
-No te puedes ir, aún no- dijo él amablemente, ella no pudo mantener la vista en sus ojos ni dos segundos más, miró su bolso y lo colocó sobre su hombro.
-Lo siento, ya es tarde- se volvió y caminó dos pasos hasta que el la tomo del brazo
-No te puedes ir todavía
-Suéltame!! ¿Que te crees?!- respondió ella soltándose bruscamente- No eres nadie para decirme que hacer o no, No significas nada para mi- agregó, lo estaba haciendo, mantenía su papel, y hasta se atrevió a mirarlo.
-Mentirosa!!- la volvió a sujetar de los dos brazos con fuerza- No mientas más, solo eres una niña consentida.
-Que me dejes!!- Gritó y trató de soltarse, pero él no lo permitió, luchó con fuerza. Y
él la empujó contra el muro.
-No!- le dijo firmemente- No te pienso dejar ir, hoy no-
Ella lo miró asustada, la máscara desapareció completamente, respiraba fuertemente, tenía miedo mucho miedo, y un nudo en la garganta. Él estaba demasiado cerca, casi podía sentir el aire proveniente de sus exhalaciones también aceleradas, luchaba pero no podía moverse, el sujetaba sus manos con fuerza contra el muro, arriba de su cabeza…

-Suéltame, por favor- Suplicó casi susurrando
-No- repitió él sosteniendo sus manos con fuerza- Es demasiado tarde, quieras o no, voy a hacer lo que siento- La miró firmemente, no había odio en su mirada, ni siquiera rencor o maldad, ¿qué había?, ¿deseo?.... o ¿Amor?... Ella lo miró también, su corazón palpitaba con una fuerza anormal, respiraba con mucha dificultad, el la seguía mirando, aún sujetando sus manos sobre su cabeza se acercó todavía más, a sus labios… y la besó suavemente, con ternura, como si tuviera miedo de herirla.

Ella no pudo reconocer lo que sentía, pero sabía que no quería que terminara, cerró los ojos, se dejó llevar, él era cálido, amable, suave, lento. Ella nunca había probado nada parecido, lo siguió, disfrutando de su sabor, de su lengua, de sus labios… El frío desapareció rápidamente de su cuerpo y alma, dejó de hacer fuerza, y él soltó sus manos despacio mientras la seguía besando. Ella se aferró a su cuello, mientras sentía que las sensaciones la volvían loca, poco a poco el beso se volvió más apasionado… se acercaron más, él la abrazó con fuerza, acercando sus cuerpos. Y de repente el nudo en su garganta estalló y miles de lágrimas bajaron por sus mejillas, lloraba mientras sentía… hasta que él bebió de ése sabor salado, se separó lentamente, le sonrío y limpió las lágrimas con sus dedos…

Ella lo abrazó con desesperación y aún llorando le suplicó al oído:
-Nunca te vayas
-No lo haré- le respondió sin soltarla

Se asusta hasta con su propia sombra
no hay valor alguno en su corazón
su imagen en el espejo es su peor enemigo
huye de cualquier sentimiento de amor
ternura, afecto o intimidad
no de los encuentros que puedan llevar a estos
pero del sentimiento en sí
no tiene fe en la raza humana
y la fe en sí misma nunca la conoció
Solo conoce el dolor
y es lo unico que sabe dar
al principio te engaña
parece ingenua y bien intencionada
pero realmente ese rato de pasión
no durará más que unos instantes
antes de que obsesión con el dolor
supere al placer pasajero